«El centro de Cádiz de ahora no tiene nada que ver con el de hace cinco años. Está incomparablemente mejor»

La ciudad bipolar se despierta cada mañana y decide. Los días pares se considera el epicentro del universo, perfumada por todas las culturas, la más ingeniosa en el mejor cruce de caminos de la Historia; los impares, se siente vieja, periférica, alérgica a la prosperidad, viuda del futuro, dejada de la mano de todos los que la conquistaron sin desenvainar la espada.
Los gaditanos se debaten entre dos mentiras y cualquiera de ellas ancla su desarrollo. La primera es la gran depresión colectiva que dibuja a sus habitantes como gente que arriesga poco (o nada) y siempre depende de los demás para, al final, cobrar menos. Es una mentira con ropajes de realidad en forma de paro masivo, industria vaciada, turismo en pañales y funcionariado omnipresente. La segunda mentira es peor por cuanto el peligro se agazapa tras una sonrisa: es la satisfacción del que necesita menos ya que la pausa, el clima o la geografía le condenaron a una vida mejor que la del resto con la dotación material mínima. Y claro, lo más importante es vivir. (…Más información …)


























