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8/3/2010

Sí hay relevo para el comercio de siempre

Inicio > — josegalindo @ 1:16 pm :: 4258

Con ella no hay protesta al retraso de la edad de jubilación que valga. Con 67 primaveras, Alfonsi Barla prefiere evitar la calle Cardenal Zapata para que los 30 años de trayectoria profesional no se agolpen en sus lagrimales. Hace una semana que se ha jubilado de su trabajo como dependienta en la tienda de pelucas y accesorios de peluquería Mona Lisa y aún no se acostumbra a estar desocupada.

«Lo llevo mal, muy mal», sentencia con una sonrisa resignada. Y es que a Alfonsi le quedaba cuerda para rato si no hubiera sido por el ultimátum de su hija: «Me obligó a jubilarme para poder estar juntas y descansar, si no, todavía estaría detrás del mostrador».

Sin embargo, la sensación de Alfonsi es agridulce. Está triste por haberse jubilado, pero no puede ocultar su alegría por tener sucesor en la tienda y evitar que, con su marcha, el comercio hubiera dicho su adiós definitivo: «Mona Lisa no se cierra». Y eso que Alfonsi y su jefe, Francisco Serrat lo han pasado mal hasta convencer al hijo del último para que se encargara de la tienda. Francisco Javier Serrat se ha hecho esperar el tiempo que Alfonsi permaneció en el negocio más allá de la primera fecha de jubilación que tenía prevista, pero ha llegado con ganas.

En los próximos meses, el nuevo encargado de la tienda promete cambios estéticos en la tienda, que ya comienza a trazar su senda centenaria con más de 40 años de existencia. «Vamos a renovar el local y el negocio va a dar el salto a la Red», explica ilusionado Serrat.

El joven sucesor se une a la lista de herederos del comercio tradicional que se atreven a romper la tendencia (hace escasos meses Pedro Hidalgo dejó sus reputadas empanadas en manos de su nieta). Cogen el testigo generacional y mantienen el comercio de siempre «con ganas e ilusión por mantener la tradición».
Francisco sabe lo duro que es estar detrás de un mostrador. Alfonsi le ha enseñado su nueva tarea aunque no se puede decir que sea nuevo en estas lides, está acostumbrado a corretear entre tintes y secadores. Su padre tiene una peluquería en San Fernando y su abuelo, el catalán Juan Valeri, era conocido por muchos gaditanos «por ser el primero que trajo la laca a Cádiz».

A pesar de la dureza de su nuevo trabajo, Alfonsi consuela a Javier: «Tiene muchos momentos especiales, de compenetración con el cliente». En la retina de Alfonsi queda la memoria de muchas mujeres que se acercaron a su tienda en busca de la feminidad robada por un tratamiento de quimioterapia o los lazos de amistad que la unen a sus clientas, «sabía lo que querían nada más verlas». Alfonsi ya no volverá «dentro de cinco minutos», como solía prometer a sus usuarias. Pero, a buen seguro, su impronta la sobrevivirá en el local de Cardenal Zapata. Al igual que ocurre con Valeri y pasará con Hidalgo. Y siempre gracias a la joven mano del relevo generacional. Una ayuda tendida a tiempo para evitar que el comercio tradicional sea engullido por la noche de los tiempos.

Publicado por Jesús A. Cañas (La Voz de Cádiz)




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