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4/1/2010

La Casa de Juan Paje hace aguas

Inicio > — josegalindo @ 9:36 am :: 4173

La rehabilitación de la Casa de Juan Paje cumple un año y los problemas han brotado como el agua que se filtra por sus paredes. A pesar de que las llaves se entregaron en diciembre de 2008, la mayoría de los inquilinos recaló en sus viviendas de la calle Obispo Urquinaona entre febrero y marzo de 2009, momento en que dispusieron de los servicios básicos.

Las sensaciones de los vecinos son dispares. Juana González vive en la planta baja. Ella llegó en abril, un alegórico Domingo de Resurrección, desde su casa en Isabel la Católica, donde tendrá que volver.

«Yo aquí estoy contenta, no tengo humedad ni nada», se alegra Juana, aunque con las últimas lluvias han empezado a aparecer pequeños rastros a la entrada de su casa. Nada que no solucione «una visita al presidente de la comunidad y una reparación», piensa ella.

Al subir las escaleras comienzan a aparecer los problemas. Amalia está impedida. Tiene la vista perdida y las dos piernas amputadas por culpa de la diabetes. Su marido, Manuel, y ella han vuelto a vivir donde lo hicieron antiguamente, aunque muchos defectos de entonces parece que no han sido corregidos.

Cuando volvieron se encontraron con que no se había cumplido con la cuota pertinente de viviendas adaptadas en cada nueva obra. «Nos tenían que haber dado una vivienda hecha para minusválidos, estoy harto de denunciarlo a la Junta», reivindica Manuel.

Mientras la obra estaba en marcha no dejaba de acercarse para hablar con el encargado. «Se han estado echando la pelota de uno a otro; tengo los papeles», denuncia.

La habitación donde transcurre todo el día de Amalia apenas tiene espacio, y el pasillo hacia el resto de cuartos le deja pasar muy justa. Además, aquí han vuelto a sufrir los atascos que parece que les persiguen allá donde han ido viviendo. De hecho, su vecino de abajo se marchó porque habían salido hongos.

Jóvenes y descontentos

Aunque la mayoría de los vecinos son personas mayores, a Juan Paje también han llegado algunas parejas jóvenes. Vanesa Ruiz también vivía en Isabel la Católica, como su vecina Juana, y ahora está pendiente de que rehabiliten su antigua casa.

Ella tiene mellizas de dos años y tres meses. En cuanto se quedó embarazada, lo hizo saber a la gente de la Junta, para que tuvieran en cuenta la circunstancia. «Me dieron un piso de tres habitaciones muy pequeñas, pero para lo que se paga tampoco está tan mal».

De todos modos se ve afortunada si se compara con su vecina, que tiene un niño y una niña pequeños, y a la que le tocó un duplex con escaleras y con dos habitaciones, una para el matrimonio y otra para los chiquillos.

Vanesa está sobre todo contenta porque sabe que esta es una solución provisional. «No me gusta esta calle, en Isabel la Católica estaba más tranquila». Y eso que hasta los 20 años vivió justo arriba de donde ahora lo hace. Su padre no quiso volver.

Ella y otros inquilinos consideran que se ha desperdiciado la posibilidad de construir más casas. También ven otros fallos en el diseño, como que no haya un solo interruptor en todo el pasillo hasta llegar al ascensor, aunque ven a este como una de las mejoras sensibles introducidas.

Entre tantos inquilinos mayores es normal que proliferen las enfermedades. Francisco González y su mujer Inmaculada tienen que reservar una habitación para Domingo, el padre de ella. Tiene alzheimer, parálisis cerebral y se alimenta a través del estómago. Al pie de su cuarto han empezado a salir hongos por la humedad, que el anciano está abocado respirar. «Hemos llamado a la Junta, pero todavía no han venido», se lamenta Francisco.

No cabe ni un butacón

Los enfermeros acuden a atender al abuelo. «Cuando vienen de la UCI no pueden sacarlo», se duele Francisco sobre lo reducido de la estancia, en la que ni tan siquiera cabe el butacón que debería tener para sentarse. Por la terraza no deja de entrar agua cuando llueve, lo mismo que por el cuarto de baño. Mientras, en el dormitorio del matrimonio la ropa no deja de oler a humedad. «Antes se vivía peor, pero antes era antes», resume Francisco sobre el panorama a su alrededor.

Publicado por La Voz de Cádiz




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