cadizcentro.net

30/11/2009

Una rehabilitación que no llega

Inicio > — josegalindo @ 7:38 am :: 4103

No hay nada más característico del invierno gaditano que la humedad fría que cala hasta los huesos y que no hay abrigo o jersey que lo pueda calmar. Y si no que se lo pregunten a la familia que vive en los bajos de la finca 8 y 10 de la calle Arbolí. Para ellos, no hay diferencias de temperatura entre el exterior y el interior de sus viviendas. Todo es frío y humedad en sus escasos 50 metros cuadrados sin ventilación.

La situación de Jessica del Castillo y su familia sería un caso más de infravivienda, que se resolvería con la rehabilitación de la finca en la que vive con otros cuatro vecinos, si no fuera porque su problema está estancado. La Junta de Andalucía ya tiene acabado el proyecto de rehabilitación del edificio pero no puede comenzar las obras porque le falta la aprobación de dos vecinos.

Los dos inquilinos se niegan a firmar porque la reforma les dejaría sus viviendas de alquiler en la mitad de los metros que tienen ahora. Ante su negativa, tanto la Junta como el Obispado -propietaria de la finca- se encuentran con las manos atadas. La Junta «no está dispuesta» a rehacer el proyecto ya que «el coste sería muy alto», según Jessica. «Nos hemos manifestado en la puerta del Obispado, pero allí me dicen que ellos no pueden asumir el coste de la reforma solos», comenta indignada esta gaditana de 25 años.

Jessica no puede más. Su sueldo de peluquera sólo le da para pagar los 225 euros del bajo de 45 metros cuadrados en el que malvive con su novio y su hija de tres años. Hace casi un año que en las paredes de su casa el blanco batalla con el negro de la humedad en una guerra que ya sabe perdida de antemano. De hecho, la Junta ha catalogado su casa como infravivienda. «Yo me vine a vivir a esta casa hace un año para cuidar de mi abuelo -incapacitado por dos embolias- que vive en el bajo contiguo desde hace 40 años. Pero cuando yo entré, aquí no había humedad», explica resignada Jessica.

Cuestión de salud

En el bajo de Jessica no hay día ni noche, sólo penumbra. Ni ventilación, el olor a humedad se hace prácticamente insoportable. Más si se es alérgico a ella o si se sufren problemas de bronquitis como es el caso de la joven y su hija, respectivamente. En el caso de la pequeña, de tres años de edad, la situación es peor: «El médico me hizo un certificado que explica que mi hija no puede vivir en un entorno así». De hecho, la humedad se agolpa en la esquina de la cama de su habitación. «Mi hija va al colegio oliendo a humedad», explica desesperada Jessica. Cada nueva temporada, la joven se ve obligada a tirar la ropa apulgarada a la basura. «Y no sólo eso, los muebles se me están estropeando y eso que son prácticamente nuevos».

En casa de su abuelo la situación no es mucho mejor. Su nieta se encarga de cuidarlo después de que se quedara incapacitado. Jessica tiene que apartarle las ‘calichas’ de la cama cada noche antes de acostarse. «Por más vueltas que doy, en esta casa no hay quien caliente la cama. Me gasto más en estufas que en el alquiler», explica con una sonrisa resignada el hombre de 73 años.

Publicado por Jesús A. Cañas (La Voz de Cádiz)




RSS 2.0         Identificarse