cadizcentro.net

10/5/2009

Cárceles de mármol

Inicio > — josegalindo @ 7:27 am :: 3782

Ocho escalones de mármol están más protegidos que el derecho de una anciana a bajar a la calle. “Creo que la vida de una persona vale más que unos escalones, no se puede sacrificar a eso el estar enterrada viva". Quien así habla es Micaela. Con más de ochenta años, atada a una silla de ruedas y enferma de soledad, no recuerda cuándo fue la última vez que bajó a la calle.

Las procesiones que pasan por debajo de su casa, en Ancha, 20, las tuvo que ver por la televisión. Y había calles que no reconocía. A la persona que la cuida, Pepi, le preguntaba qué lugares eran; los edificios nuevos le despistaban. Sin fuerzas y con dos plantas de escaleras, ya ni siquiera va a sentarse por las mañanas a su banco, el que ella pidió a la alcaldesa, en la calle Ancha.

Un piso más arriba, en el tercero, sus vecinas se indignan con el Ayuntamiento y piden a la reportera que dé caña. Consiguieron una ayuda de la Junta para colocar un ascensor y se resignaron a pedir préstamos para afrontar el 25% de la obra y a renunciar a unos metros de casa para alojar el elevador. La finca no estaba protegida en el Plan General del 95 y la licencia se pidió veinte días antes de la aprobación inicial del PGOU que le da la mínima catalogación. La escalera y el patio afectados no son los originales, sino fruto de la una remodelación de los años 70. La Comisión Municipal de Patrimonio denegó el permiso “dado el nivel de protección de la finca” y al entender que el ascensor “se debe ubicar en el interior sin ocupar galería o patio". El motivo, según explican los vecinos, es que habría que retirar, cortar y volver a poner ocho escalones de mármol que arrancan del patio. Y los escalones no se pueden mover. Y por su culpa tampoco Micaela, que se niega a mudarse de un hogar donde ha nacido y que es testigo mudo de toda una vida.

A la hija de la vecina de arriba, Luz Marina, el argumento municipal le parece tan absurdo que hasta ha llegado a pensar que es una represalia contra el Ateneo (que está en la primera planta) por el tema de la Aduana. Hace recuento de barbaridades que se han cometido en las fachadas de la Ancha calle y ya ha recurrido la negativa.

Todos los pisos están afectados: a los actos del Ateneo no pueden ir personas en sillas de ruedas, Micaela vive “secuestrada” en el segundo y la madre de Luz Marina da propina al vendedor de prensa de la esquina para que le suba la compra. Micaela ha enviado una carta a la alcaldesa a ver así consigue el ascensor y puede llegar al banco que le puso hace años.

Muy cerca, en Cánovas del Castillo, Pedro propone que se abra un debate sobre cómo hacer compatible accesibilidad y protección del patrimonio. La historia de su casa, con un grado 2 de catalogación, es rocambolesca.

Pidieron un ascensor en el patio, se lo denegaron, recurrieron y llegaron al juzgado, que dio la razón al Ayuntamiento. Lo que peor llevan en este inmueble con bajo, tres plantas y un ático al que hay que llegar por unas escaleras de alta montaña es que el Ayuntamiento no aclare qué tienen que hacer para tener ascensor. Les dicen que presenten proyectos, y ellos decidirán. Que “sólo si es imposible” ubicar el aparato en un sitio que no sea el patio se permitiría esa ubicación previa valoración del patio y de las características del ascensor. Los vecinos intentaron que el proyecto lo hiciera un arquitecto municipal, al que pagarían, sólo para no dar más palos de ciego y se lo negaron.

En este caso, los vecinos no quieren que el ascensor vaya por la galería porque habría que modificar toda la distribución de las viviendas si se pone en un sitio y, si se pone enfrente, también. Lo que pidieron era un elevador en el patio central, como tienen otros edificios como el que se está rehabilitando en Marqués del Real Tesoro, 6 y del que Pedro muestra fotos.

En esta comunidad de siete viviendas muchos son mayores; cuando se pidió el ascensor en 2003, había dos personas minusválidas ya fallecidas. La vecina del ático no se va de viaje por miedo a subir y bajar maletas por las escaleras, Francisco (en el tercero, es el actual presidente de la comunidad), indica que se apaña como puede y que la edad puede más que la costumbre. Suspira cuando se le pregunta cuánto tarda en llegar a su casa.

A causa de las escaleras, una de las propietarias ha dejado su casa vacía y se ha ido a la de su hija y una inquilina hizo las maletas y se fue. El mismo Francisco tiene la casa en venta.

La lucha de esta comunidad por conseguir el ascensor le llevó a preguntarse por qué a la casa no se le puso uno cuando se rehabilitó en el año 80, lo que debió haberse hecho por su altura. Además, hasta entonces había montacargas. El promotor que hizo la obra pidió la licencia, y la obtuvo, con ascensor en la galería -un Schendener Otis modelo 402 LT-, y una distribución diferente en las viviendas; en el proyecto se menciona varias veces el elevador como uno de los elementos que facilitarían la vida moderna a los vecinos. Después, el empresario se puso un parche en el ojo y un loro en el hombro y ejecutó el proyecto sin ascensor. Eso sí, presentó ante el Catastro los planos reales, porque si no los metros cuadrados y coeficientes en las inscripciones del Registro de la Propiedad no hubieran coincidido con la realidad. Ese promotor consiguió la cédula de habitabilidad sin problemas y los compradores de las viviendas, que jamás habían visto el proyecto aprobado por el Ayuntamiento, nada sospecharon. Esta historia está muy bien documentada por los vecinos, quienes también comprobaron que el gobierno local nunca aprobó una modificación del proyecto que justificara las diferencias. La comunidad trató de utilizar esta historia como argumento para conseguir el ascensor por medio de un recurso especial y no lo lograron. Hablando con arquitectos municipales y redactores del PGOU se les pasó el plazo para presentar un recurso.

Otras fincas de grado 2, como Teniente Andújar 25 y 27, de la Junta, han conseguido un elevador en el patio central, pero los vecinos el jueves no estaban nada contentos y clamaban contra la administración andaluza: el cacharro llevaba ocho meses acabado y sin moverse. Una de las inquilinas del tercero está pagando la casa, pero vive con su familia a la espera del elevador; el resto sufre las escaleras. La Oficina de Rehabilitación explicaba esa mañana que había un problema de suministro eléctrico que se solventaría ese día y que por la tarde, si no había más problemas, arrancaría. El viernes a las ocho de la tarde aún no funcionaba.

Publicado por Ángeles M. Peiteado (Diario de Cádiz)




RSS 2.0         Identificarse