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8/2/2009

Carlos Díaz: «Qué rabia me daba aquello de ‘los huevecitos’… yo me partí la cara»

Inicio > — josegalindo @ 8:45 am :: 3683

La copla de una chirigota re-sumió y difundió su decadencia política en los primeros años 90. «Carlos Díaz qué buena gente y olé, ¿ay! qué coba te están dando, (…) los huevecitos se te van a caer». Han pasado más de 17 años y, de nuevo en el Falla, un pasodoble de comparsa -titulado ilustrativamente Como un señor- reivindica su memoria. El público ha recibido esta última letra en pie. Reproches y homenajes por la misma vía. Carlos Díaz Medina (Sevilla, 1935) fue alcalde 16 años, entre 1979 y 1995. Cogió el bastón de mando cuando los gaditanos empezaban a sacudirse el polvo gris del franquismo, con su tara de retrasos. Lo soltó cuando los españoles eran ya nuevos ricos capaces de construir más viviendas de las que necesitaban, organizar Juegos Olímpicos y convocar exposiciones universales.

Su lugar de nacimiento -un acto involuntario, según jura y perjura- se utilizó como arma arrojadiza por oponentes políticos y medios. Vive en Cádiz desde 1950, sin interrupción. Salió del cargo rodeado de críticas y desagradecimiento. Los mayores, de su propio partido.

Tanto tiempo después, 14 años más tarde, la gente común, a través de un autor joven, le ha hecho un homenaje en el que pesa más su aportación política y humana que la pasajera polémica de su despedida. Tino Tovar ha pulido varios pensamientos vagos muy extendidos en la calle: «Tenía grandes ideas, trabajó mucho y era algo más que buena persona; igual no fuimos justos con él», podría ser el resumen.

El mismo Carnaval que adornó su caída, el que le colgó la etiqueta de gestor pusilánime, reivindica hoy su legado de bonhomía, de alcalde imaginativo, capaz de diseñar junto a jóvenes concejales brillantes todos los grandes proyectos de una compleja ciudad que tenía el mismo suelo escaso, menos dinero y más miedo. Entre un momento y otro han pasado casi tres lustros. Tiempo suficiente para recordar con libérrima perspectiva personal aquella etapa en la Alcaldía, el momento que vive su ciudad y los retos del futuro inmediato.

-¿Cómo lleva este retorno al primer plano? Una letra de Carnaval le ha devuelto a las conversaciones diarias de los gaditanos y a los medios de comunicación.

-Pues lo llevo con orgullo y sorpresa. Esperaba que se hiciera mención a mi nombre, por haber ejercido de alcalde tanto tiempo, durante los años siguientes a mi salida del cargo. Lo entendería en el Carnaval del 95 ó del 96, pero 14 años después Me ha sorprendido, lo he agradecido. Llamé a la comparsa y todavía tengo un encuentro pendiente con Tino Tovar. Pude ver la actuación en Youtube y la letra es muy emocionante. Me llena de orgullo que un autor me pueda recordar así. Y cómo reaccionó el público.

-Así le recuerdan algunos, pero ¿cómo resume usted aquella etapa de 16 años en la Alcaldía, ahora que han pasado casi tres lustros?

-La recuerdo como una suerte. Fue muy duro, pero fui afortunado por tener esa experiencia. Servir a tu ciudad es un privilegio y yo tuve la ocasión de trabajar así 16 años. También es verdad que fue todo muy casual. Yo me presenté para estar cuatro años y salir corriendo. Al final, fueron más de 15.

-¿Qué herencia cree usted que dejó a la alcaldesa actual y a la ciudad?

-Yo creo que fue una herencia muy buena. Estoy harto de oír que fue un legado desastroso, pero eso es radicalmente falso y cualquiera puede comprobarlo. Yo sí que recibí una herencia pésima del fin del franquismo. Yo sólo podía inaugurar semáforos y en el acto de presentación se estropeaban. Los coches chocaban. No es una broma, llegó a pasarme. El PP, sin embargo, llegó al Gobierno local sin un proyecto, no le había dado tiempo a crearlo ni esperaba la victoria electoral, pero gracias a la herencia socialista pudo gestionar. Los terrenos de Varela estaban desbloqueados sin que costara un duro a la ciudad; la recuperación de los terrenos ociosos de Astilleros ya estaba desbrozada; las gestiones con El Corte Inglés habían comenzado; las tareas previas para el segundo puente eran mucho más que una maqueta y tenía proyecto de viabilidad; habíamos logrado 3.000 millones de pesetas para el Plan Urban en Plocia y El Pópulo; los depósitos de Puntales; los planes de rehabilitación del casco antiguo; el Palacio de Congresos, hasta la plaza de Sevilla estaba planteada ya todos esos proyectos fueron herencia socialista, aunque por entonces recibíamos dinero a cuentagotas y costaba mucho sacarlos adelante.

-La letra de marras le reconoce que puso en marcha muchas grandes obras aunque no las viera inauguradas ¿Cree que su partido ha valorado ese papel?

-El Partido Popular se hace cargo de una gestión ajena, entre otras cosas porque el PSOE no supo o no quiso defenderla. Por tal de hacer olvidar mi nombre, el Partido Socialista renunció a defender una herencia política que era muy positiva. Y así nos ha ido. Los populares supieron retomar y presentar una gestión que no era suya. El PSOE no quiso defenderla cuando la había puesto en marcha su gente.

-¿Qué opinión le merece la gestión de Teófila Martínez en la Alcaldía?

-Siento cierta cercanía, solidaridad por todos los alcaldes. De entrada, tiendo a ponerme de su lado. Si son de pueblos pequeños, mucho más. Nadie puede entender la presión psicológica que se soporta si no lo ha vivido y por eso tengo esa complicidad con cualquiera que lo sea. En el caso de Teófila, creo que ha gestionado bien. Especialmente en sus primeros años. De toda su etapa, me quedo con el soterramiento. Creo que fue una gestión ejemplar, por útil y, sobre todo, por la agilidad con la que se hizo pese a su complejidad. Fue una obra corta en el tiempo para lo dificultosa que era. Ha proporcionado beneficios sociales y económicos, rompió el aislamiento de varios barrios. En los últimos tiempos, en cambio, todo ha sido más difícil para ella. Según pasan más años en el mismo cargo, los líderes políticos se van encerrando, alejándose de la gente. Se meten tan adentro, que les falta perspectiva. Cuanto más tiempo, peor. Mis últimos cuatro años fueron los peores y también noto que el actual gobierno local se va distanciando de la realidad.

-¿Qué síntomas observa de ese supuesto aislamiento del PP?

-Creo que está cayendo en polémicas innecesarias, que le desgastan mucho. El empeño en la instalación de los quioscos, por ejemplo. Creo que cada vez que un conductor pasa por el Hotel Atlántico y desemboca en La Caleta, ve ese bar y Teófila Martínez pierde un voto. Sucede también con las vallas de publicidad y la propaganda institucional. Los mensajes son tan obvios que parecen fruto de una actitud infantil. Es casi cómico. A la gente no le interesa si una obra va por el 25% o si la ha impulsado más la Junta o el Gobierno. Quiere servicios y cuando los disfruta, el reconocimiento es para los dirigentes que ocupan los cargos en ese momento. Cuando se inaugure el segundo puente, mucha gente lo atribuirá a Teófila, al margen de qué institución haya colaborado más o menos. Por eso no tiene sentido estar todo el día con esa autopublicidad, que es un gasto enorme.

-¿Y la oposición socialista, qué papel ha jugado en estos 14 años? ¿Sigue en el mismo punto que en 1995, cuando usted salió de la Alcaldía?

-Creo que el partido está desorientado en Cádiz. Sin rumbo. Recibió una herencia política en 1995 que no ha querido defender, probablemente por personalismos, por las ambiciones particulares que siempre se mezclan en política. Había que hacer olvidar a Carlos Díaz y, de paso, enterraron aquella gestión. Ahora, aunque hayan pasado 14 años, creo que hay que afrontar una renovación profunda. No sólo de algunas personas y algunas propuestas. Hablo de una renovación real, de gente, de edad, de talante, de ideas, de comportamientos. Hay que preparar un candidato pero ya. Los tres últimos aspirantes socialistas a la Alcaldía no han tenido buena experiencia. Dos de ellos, ni aguantaron los cuatro años en los bancos de la oposición. Creo que eso de que los candidatos que pierden unas elecciones no terminen una legislatura entera en la oposición, que abandonen, transmite una imagen pésima. Es fatal para un partido. Es verdad que en el caso de María de la O Jiménez mediaron circunstancias que merecen respeto. Pero ha pasado en otras ciudades, en muchos ayuntamientos. El candidato que no gana, lo deja a mitad de la legislatura. Eso no puede suceder. Provoca decepción y desconfianza en los ciudadanos.

-Admite que sus últimos cuatro años en el cargo fueron los peores. También asegura que observa desgaste en Teófila Martínez. Reclama una renovación profunda en el PSOE local ¿No estará haciendo campaña para promover la limitación de tiempo en los cargos?

-Tengo amigos que defienden esa postura. Le veo ventajas e inconvenientes a lo de limitar la duración de los cargos. Por una parte, es cierto que garantizaría una renovación automática, pero eso no siempre puede ser positivo. Si tienes un gerente en tu empresa que trabaja de maravilla, esa norma de relevarlo por fuerza cada ocho años puede ser perjudicial. Afectaría a la gente que mejora sus prestaciones con el tiempo. Yo, por ejemplo, me sentía más seguro, más capaz, según iba teniendo más experiencia. Decidí volver a presentarme por amor propio. La reacción de muchos vecinos y la ilusión de rematar proyectos que habíamos puesto en marcha me hizo querer ser candidato.

-¿Se sintió traicionado por su partido en aquel momento?

-La política se las trae. Esperas las puñaladas de todo el mundo, menos de tus afectos. Son las únicas que duelen. Digamos que mi mayor defecto fue el exceso de confianza. No me sentí muy apoyado.

-Vamos, que el PSOE le dejó tirado, como partido, en la Junta y en el Gobierno.

-No sé si tanto. Es verdad que no me sentí respaldado. Las gestiones con la Junta y el Gobierno siempre iban muy lentas. Digamos que tuve la sensación de que muchos compañeros de partido y muchos cargos institucionales socialistas no colaboraron conmigo.

-Y la gente, ¿tan mal le trató al final como para que le pida perdón a través de una copla?

-La gente me transmitió cariño hasta el final. Recuerdo un acto en la Peña La Perla, en un momento muy malo, en el que me aplaudieron al llegar, improvisadamente. También en el Cerro del Moro. Pero es cierto, que algunas personas, en los medios o en la calle, me marginaron por razón de nacimiento. Utilizaron ese localismo antisevillano tan fácil de provocar en Cádiz, Granada, Málaga… eso caló entre mucha gente. Yo llevo viviendo en Cádiz desde 1950. Salí de Sevilla con 15 años, siempre he estado aquí, he vivido en La Viña, o junto a la Plaza, pero no iba a estar todo el día recordándolo. De todas las señas de identidad del gaditano, sólo hay una que no tengo: el fútbol. Ver los partidos del Trofeo se me hacía difícil. Irigoyen trataba de explicarme, pero…

-¿Notó que al final tenía fama de político blando, débil?

-Me decían aquello de ‘los huevecitos’… qué rabia me daba. Yo daba la cara. Me la partí. Mi partido me sancionó por no querer votar contra del rescate del peaje, por ser coherente, por defender la ciudad por encima de otras consideraciones. Es cierto que me cantaban esas letras, pero luego todo el mundo ha puesto las cosas en su sitio.

Publicado por José Landi (La Voz de Cádiz)




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