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17/11/2008

Los últimos de la infravivienda

Inicio > — josegalindo @ 8:45 am :: 3561

El crujir del suelo a cada paso y los diversos puntales colocados en toda la finca, donde residen Agustín Eliso y su mujer Isabel Fernández, dejan sin aliento a cualquiera. Y es que, allí dentro, da la sensación que el más mínimo movimiento podría causar un desplome de los techos. La respiración se hace de manera contenida. «Vivimos con el miedo metido en el cuerpo», confiesa este matrimonio que habita con sus dos hijos este inmueble de la calle Adolfo de Castro, número 32, en el barrio del Mentidero. Un lugar catalogado como infravivienda que ya tiene varios expedientes abiertos para ser expropiado por el Ayuntamiento. «Hace un par de semanas el propietario tuvo que apuntalar la finca porque los techos y las paredes se van a caer el día menos pensado; estamos muy preocupados por si la casa se viene abajo», explica con impotencia Agustín mientras recorre las húmedas habitaciones cuyos tabiques están llenos de grietas. En una de las deterioradas paredes, un crucifijo parece proteger este hogar de la tragedia.

El inmueble no cuenta con ventanas, lo que provoca que no exista ventilación y que la oscuridad sea total. «Aquí estamos todo el santo día con la luz encendida», cuenta Isabel desde el fondo del corredor al tiempo que barre la arenilla que se desprende de los techos.

En uno de los rincones se apilan más de una decena de botes de insecticidas para «combatir las numerosas cucarachas e insectos que campan a sus anchas por el inmueble». Sin embargo, éstos no son los únicos animales: en las deshabitadas viviendas inferiores es frecuente ver corretear a las ratas. «La puerta del corredor la tenemos siempre cerrada para que no puedan acceder los roedores a nuestra casa», dice Agustín con cierta naturalidad.

Esta familia arrendó la finca en 1992. Actualmente, pagan un alquiler mensual de 160 euros. «Aquí sólo vivimos dos vecinos porque los demás se han ido por miedo, puesto que el dueño nunca ha hecho mejoras salvo un arreglo en la cubierta de la azotea: lo que busca es que nosotros también nos vayamos», aclara Isabel.

El deseo de esta familia es que «el trámite expropiatorio llegue a su fin lo antes posible», con el objeto de que puedan ser «realojados». Como siempre sucede en estos casos, las continuas alegaciones del propietario de la finca están alargando el proceso.

Otros casos similares

El Ayuntamiento tiene abierto en estos momentos expedientes de expropiación con 17 fincas más. Esta iniciativa surgió durante la Comisión de Participación Ciudadana integrada por representantes de asociaciones de vecinos y técnicos de la Oficina de Rehabilitación. Tras obtener un listado con 62 fincas con infravivienda, se negoció con sus propietarios hasta que sólo quedaron estos 17 que no quisieron acogerse a las ayudas ni iniciar las obras por su cuenta.

Publicado por Jesús M. Villasante (La Voz de Cádiz)




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