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4/5/2008

Plaza de Mina: Una zona cultural y familiar con negocios tradicionales

Inicio > — josegalindo @ 7:24 am :: 3125

La plaza Mina ocupa el solar del antiguo huerto del convento de San Francisco que se urbanizó a mediados del siglo XIX y desde entonces ha sido uno de los lugares de esparcimiento más frecuentados de la ciudad. Los edificios que la rodean configuran un armonioso conjunto de arquitectura doméstica de los siglos XVIII y XIX, en una de cuyas casas, la número 3, nació el ilustre compositor Manuel de Falla.

Precisamente, en honor a este consagrado personaje, en los bajos del inmueble, se encuentra la Librería Manuel de Falla. Un negocio dedicado a la «librería de fondo», como dice su propietario que lleva abierto casi 40 años. «Aquí se venden libros desde 1969, entonces se llamaba Mignon. Hubo un paréntesis de tiempo, del 84 al 88, en donde el local se convirtió en video club. Luego, en 1989 llegamos nosotros y recobramos la tradición de vender libros», cuenta Juan Manuel Fernández.

En las estanterías se recopilan libros de historia, autores clásicos desde Aristóteles a Virgilio, latinos, griegos y filósofos antiguos y de todas las épocas. «Nos dirigimos a un público investigador, más selecto, que viene buscando un tipo de libro que no encuentra en otras librerías. Nuestro fondo de historia local y musical es muy amplio. En definitiva son libros que nos dan prestigio», dice Juan Manuel mientras se encarama a una escalera para coger, de lo más alto, la obra clásica de Werner Jaeger, Paidea: Los ideales de la cultura griega. «De estos sólo vendemos 12 ejemplares al año. Son libros menos rentables porque tienen menos movilidad de venta», dice. El precio: 37 euros.

En otro sector de la Librería Manuel de Falla se encuentran las obras de «lectura fácil»; es decir, los que están de moda y que han recibido algún premio como El Juego del Ángel, de Carlos Ruiz Zafón, del que «se venden 25 libros en un sólo día».

Juan Manuel es un apasionado de la lectura, en especial de estas obras clásicas, y destaca el trabajo que existe hasta que un libro de fondo llega hasta su librería. «Detrás de todo esto hay una labor de búsqueda difícil, pues localizar un libro que fue publicado hace 100 años no es nada fácil y eso que ahora contamos con la ayuda de internet», aclara.

En el número 1 de Plaza Mina se encuentra el tradicional bar El Madrileño, un negocio que fue fundado el 12 de diciembre de 1949 y que es el más antiguo de la zona. Por aquel entonces la Plaza se denominaba General Franco, según dicta la licencia de apertura del local. En la barra Bernardo Moreno confiesa que la clientela básicamente se compone de turistas y ganaderos. «Aquí se hacen reuniónes taurinas y espectáculos de flamenco. Sara Baras y Chiquito de Cádiz vienen mucho por el aquí», detalla al tiempo que sirve un par de cafés.

El mundo taurino se respira en el restaurante en donde existen infinidad de carteles de corridas, fotografías de toreros legendarios, como Palomo Linares y Paquirri, y artistas de los ‘tablaos’. En la televisión (una pantalla gigante) se exhiben vídeos de toros, lidia y toreo para deleite de los turistas que abarrotan la terraza para disfrutar del sol en compañía de una cerveza y un pescaíto frito. Y es que El Madrileño está especializado en «pescado fresco de la Bahía y marisco».

Con el objeto de ofrecer mayor privacidad a los clientes, en el sótano del restaurante está previsto «construir una pequeña bodega que sirva de reservado para celebrar comidas y reuniónes», detalla Bernardo.

Otro de los negocios con solera de la Plaza Mina es Fotografía Duke, ubicado en el número 3. Ángel Bensusan Fedriani, quien decidió seguir el oficio de su padre, lamenta que «hoy en día, con las cámaras digitales y los programas de ordenador, cualquiera puede hacer buenas fotos». Y confiesa: «Cada vez hacemos menos revelados y fotos de estudio. Practicamente vivimos de las bodas y los reportajes. Esto lo estamos manteniendo por la tradición hasta que me jubile y en un futuro este tipo de negocio tiende a desaparecer». Sin embargo, a pesar de esta época de vacas flacas, Ángel asegura que «si volviese a nacer volvería a ser fotógrafo».

En relación a la Plaza Mina, Ángel considera que «la tranquilidad» vuelve a reinar en la zona luego de una etapa algo ‘movida’, nunca mejor dicho, con el botellón. Una opinión que es compartida por Crisolo Albusac Soler, el vendedor de caramelos, pipas, gusanitos y golosinas del quiosco de la plaza. «Esta es una zona que siempre ha sido muy familiar principalmente los fines de semana, es frecuentada por niños y turistas», cuenta. Alrededor del quiosco cuelgan tradicionales juguetes cómo cámaras fotográficas, aviones de cartón y las famosas ruedas arrastres. «Atracciones de toda la vida que se siguen vendiendo generación tras generación», explica con orgullo Criso.

Sarcófagos

Uno de los frentes de la plaza es ocupado por el Museo de Cádiz, el cual cuenta con una colección arqueológica que incluye destacadas piezas fenicias y romanas, entre ellas dos sarcófagos antropoides del siglo V a.C. Asimismo, la pinacoteca conserva también importantes colecciones que abarcan desde los siglos XVI a nuestros días. Obras de Zurbarán, Murillo, Sorolla, Zuloaga y Miró, entre otros. Una plaza con mucho ‘arte’.

Publicado por J. M. Villasante (La Voz de Cádiz)




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