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27/4/2008

OPINIÓN

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Historia de Cádiz (II)
La Gloriosa

Recién elegidos los correligionarios que la iban a acompañar en su ascenso a lo más alto, la corregidora de la villa brindó su triunfo al noble Hernández Mancha, aquel que consiguió soterrarla en el 87 y la hizo renunciar a salir como concejala de la noble villa portuense por esa misma fecha.

Con ella llegó la revolución, porque los desalmados vándalos que estuvieron gobernando la villa durante dieciséis años “nos han dejado sin bolígrafos”, según declaró el recaudador municipal, el entonces joven edil José Blas Fernández, que cumplirá bodas de platino engarjadas con senatoriales súplicas al virrey Arenas, señor feudal de la Bética desde que La Gloriosa perdiera por segunda vez el favor de sus súbditos béticos en el 04, que fue cuando acuñó la frase “antes muerta que en Sevilla”.

Y llegó la revolución, porque todas las mujeres de la villa querían besarla y la llamaban Teo, como si fuera de la familia. Iba a multitud de actos croqueteros y realizaba poses para los fotógrafos. Tal era su afán de promover, que un día se hizo acompañar de un grupo de vecinos para inaugurar un paseo aún no acabado, en el que todavía estaban los obreros poniendo cemento y arena. El comendador del barrio se negó en redondo a asistir al acto argumentando que no había nada que inaugurar puesto que todavía se estaban desarrollando las obras. El cabreo que cogió la corregidora fue mayúsculo, pero arrastró a una multitud correteadora que iba tras ella en pos de la recompensa croquetera.

Antes de soterrar las vías del tren prometió que la villa tendría el primer metro urbano de la Bética. Y vive Dios que lo tuvo. Se construyeron varias estaciones y apeaderos que se señalizaron como “entradas” de metro. Los vecinos de la villa saltaban de alegría por esta nueva situación, ya que podían desplazarse de un extremo a otro por vía férrea cada quince minutos.

Los derrotistas de Cádiz, que eran unos malanges, empezaron a ponerle pegas al nuevo invento de la gloriosa corregidora: que si el tren es más caro, que si tarda mucho tiempo en llegar, que hay que ver que no han puesto escaleras mecánicas… En fin, que el invento no prosperó y ahí han quedado para la posteridad esas preciosas estaciones de metro de aquel que no llegó ni al centímetro.




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