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25/4/2008

Hogares al filo del peligro

Inicio > — josegalindo @ 8:31 am :: 3109

Con el miedo metido en el cuerpo». Así viven los vecinos de las fincas colindantes a Santiago, número 11 desde que Paquita, la vecina del bajo Izquierda de la calle Barrocal, 3 sufrió aquel fatal accidente el 7 de mayo de 2004. El suelo del dormitorio se abrió y ella, con su hija, cayó al vacío a consecuencia de la edificación que se llevaba a cabo en Santiago. Hoy en día esos trabajos siguen paralizados, pero María Josefa García Carrasco y su marido,

Cayetano Ferrer Serrano, quienes residen desde hace 28 años en el bajo de la calle Barrocal, 3, contemplan con impotencia como «las paredes y techos de la vivienda cada vez tienen más grietas y humedades», explica ella al tiempo que enseña el baño y la cocina. «Los días de lluvia no se puede estar aquí porque parece que estamos en la calle; yo ya he optado por no hacer ningún arreglo», cuenta él. La situación ha superado a Josefa, quien confiesa que ha estado en «tratamiento para los nervios».

El hogar de Paquita permanece vacío por cuestiones de seguridad desde aquel suceso y, al igual que las escaleras, está todo apuntalado. En las paredes cada grieta tiene una fecha, que recuerda «el día que fue reparada», dice Esperanza Ruiz, otra vecina. José Luis Deschamps, el del primero derecha, también tuvo que ser realojado en «un piso de un sólo dormitorio» de la calle Paraguay, 9. Una vivienda que se ha quedado pequeña debido al nacimiento de su hijo, quien «tiene que dormir en una cuna por la falta de espacio», lamenta él.

Su vecina, Dolores Fernández, tuvo mejor suerte y al igual que María Josefa, Cayetano y Esperanza sigue viviendo en su hogar desde hace 35 años. «Cualquier día la escalera se cae, pues cada día que llueve esto se debilita más», dice mientras sube con dificultad los desgastados peldaños. El olor a humedad y el estado del inmueble evidencian «la falta de mantenimiento» del mismo, algo que es recordado por todos los vecinos. «El propietario aquí no ha hecho nada», aclara Cayetano.

En la azotea, más de los mismo: grietas por todos lados y paredes apuntaladas. Mientras los vecinos de Barrocal, 3 y alrededores miran al cielo, en busca de protección y «rogando porque no llueva».

Publicado por Jesús M. Villasante (La Voz de Cádiz)




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