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28/11/2007

Salvochea centra el VI Congreso Multidisciplinar de Ubi Sunt?

Inicio > — josegalindo @ 4:25 pm :: 2803

La conferencia inaugural, “La ciudad de Cádiz en la vida de Salvochea” fue dictada por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, Alberto Ramos Santana, quien abundó en que “en contraste con la pasión que se tiene en Cádiz por su figura, uno de los libros más importantes sobre él –editado hace unos años- no está en español sino en francés, sin que exista hasta el momento ninguna traducción. Se trata de ‘Un Anarchiste entre la légende et l’histoire: Fermín Salvochea, 1842-1907, de Gerald Brey y J. Maurice’. En dicho volumen, a decir de Ramos Santana, se recogen hechos y datos desconocidos para el público no especializado, desconocimiento que tiende a presentarlo en un héroe o ser casi mítico “separado de la vida del común de los mortales, aunque ni mucho menos es un individuo alejado de la realidad”.

REPUBLICANO Y ANARQUISTA

Hijo de una familia burguesa gaditana, estudió en el exclusivo Colegio ‘San Felipe Neri’, siendo luego enviado a Londres en 1858 –contaba con 16 años- para educarse en materia mercantil. Allí pasa casi tres años entre Londres y Liverpool y conoce el movimiento humanista y obrero en todo su apogeo. Cuando regresa a Cádiz en 1861 se integra en los círculos más progresistas de la ciudad, de ahí su implicación en la revolución setembrina.

Subrayó el catedrático gaditano que “a parte de alcalde –cargo por el que entonces no se cobraba- la única profesión conocida es la de agente mercantil en Madrid, donde representó en sus últimos años de vida a una firma bodeguera de Jerez”. Parece ser que durante la mayor parte de su existencia vivió, probablemente, de los réditos de una fábrica de cartas que su familia poseía en la ciudad y de las rentas de su madre.

El 1 de diciembre de 1868 se pone al mando de uno de los dos batallones de las milicias revolucionarias. La intentona revolucionaria sería sofocada el 5 de diciembre por las fuerzas de Caballero de Rodas. Salvochea pagó su protagonismo con largos años de prisión y exilio, muriendo a los 65 años, de los cuales más de 20 los pasó fuera de Cádiz si se suman los años de privación de libertad, estancia en Gran Bretaña y el trieno d 1902 a 1905 que pasó en Madrid como agente comercial.

Tras 10 años de reclusión en el Castillo de Santa Catalina resulta elegido diputado, pero ante la oposición de los diputados nacionales a reconocerlo como tal el Gobierno deniega su nombramiento. Se benefició de la amnistía de presos de 1869, lo que le permitió regresar de su destierro a Cádiz. La instauración de la brevísima monarquía de Amadeo I de Saboya le obliga al exilio, hasta que en 1870 se acoge a un nuevo decreto de amnistía. Es por entonces cuando es elegido alcalde por casi unanimidad de todos los concejales (tan sólo le faltó un voto).

Según Alberto Ramos lo que los elementos reaccionarios de la ciudad no le perdonaron nunca fue que impusiera préstamos forzosos a los comerciantes ricos, que suprimiera los impuestos de la sal y del tabaco, que derribara el convento de la Candelaria para construir una plaza pública y que estableciera la enseñanza pública gratuita.

En la revolución de 1870 Salvochea declara a Cádiz cantón. Cuando Pavía acaba con la I República, el gaditano es condenado a cadena perpetua, aprovechando Salvochea para estudiar medicina y ampliar sus lecturas. En la cárcel entabla relación con independentistas cubanos. Aunque desde Cádiz se hacen gestiones para sacarlo de prisión, él se niega a recibir un trato de favor. Cuando sale de la cárcel funda el periódico ‘El Socialista’, a través del cual difunde las ideas anarquistas. De ahí se deriva un auténtico rosario de detenciones, fruto de las persecuciones a que lo sometió la burguesía local. En 1890 participa en la manifestación en la que se reclaman jornadas de 8 horas laborales. En 1902 marcha a Madrid, donde se desempeña como agente comercial y realiza colaboraciones en prensa, reuniéndose con amigos gaditanos de ideas progresistas, caso de Balmes. En 1904 regresa a Cádiz, donde hasta su muerte en 1905 se consagra a realizar obras de caridad.

ALTO ANALFABETISMO Y EL 50% DE LOS NIÑOS SIN ESCOLARIZAR

Sostiene Ramos que a la hora de explicar las ideas revolucionarias abrazadas por Salvochea suele incurrirse en la abstracción de su entorno. Muy al contrario, su conciencia social no es sólo fruto de su estancia en Londres y Liverpool, sino que fue determinante el Cádiz que le tocó vivir, que poco o nada tenía que ver con la imagen pintoresca e idealizada que de la ciudad transmitieron los viajeros románticos. Y es que la capital ya estaba en decadencia desde 1860, de la que uno de los síntomas fue la pérdida de población (de las 75.000 almas de 1786 se pasó a las aproximadamente 69.000 de fines del siglo XIX).

Junto al descalabro demográfico, las condiciones materiales de vida para las clases desfavorecidas no eran mejores: hacinamiento y condiciones insalubres en las viviendas, que favorecían epidemias como la del cólera de 1854. Asimismo la ‘Memoria de la Administración Municipal de Cádiz’ del año 1862 habla de que existían 4.000 casas particulares, que sumaban un total de 1.800.000 metros cuadrados. Mientras los miembros de las clases altas se repartían una media de 90 metros cuadrados por individuo y los de clase media de 30 a 40, la los pobres correspondían solo 9 metros cuadrados. Tales circunstancias, según se recoge en la ‘Memoria sobre saneamiento de Cádiz’, no mejoraron demasiado para 1890, pues en ella se reflejan las malas condiciones higiénicas de las viviendas de los trabajadores.

El interés de Salvochea por instaurar la educación pública gratuita también tiene explicación en la situación en que en esa materia se encontraba la ciudad: en 1867 la escolarización se limitaba al 55% de los niños con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años; a finales del XIX el porcentaje era aún menor (50%). En esta misma línea, el analfabetismo superaba en 1877 el 40% de la población, y en 1810 alcanzaba el 30%.

DESCONTENTO POPULAR Y TOMA DE CONCIENCIA SOCIAL

Tras la emancipación de las colonias de Hispanoamérica (las últimas se independizaron sobre 1824), Cádiz entra en una espiral de decadencia económica que a comienzos del siglo XX se convierte en total. Ello se refleja en los anuncios de la prensa local donde muchos gaditanos ponen en venta enseres y cuadros, e incluso bastantes personas se ven obligadas a cerrar sus casas y cambiar de ciudad. El historiador Antonio Orozco cifra en 33.000 los pobres de solemnidad que viven en Cádiz. El comercio gaditano vivaquea en la década de los cuarenta gracias a las exportaciones interiores y a Gran Bretaña. En 1853 – 1854 la Guerra de Crimen da un respiro a la actividad portuaria con la llegada de mercancías de Estados Unidos, que tienen como destino otras ciudades. Sin embargo, por esas fechas también se originan las primeras protestas populares por desabastecimiento y encarecimiento de productos de primera necesidad, situación que se mantiene tras acabar el conflicto bélico a causa del mantenimiento de la especulación. El descontento aumenta en 1856. “En 1864 –afirma Ramos Santana- la percepción de crisis es similar a la existente hoy en día. En 1868 el Diario de Cádiz recoge que el comercio ha llegado a su último grado de paralización, llegando a desaparecer la actividad industrial en 1869”.

Por lo tanto, los sucesos revolucionarios de 1869 no tienen, a decir del catedrático, un origen político sino social: “La burguesía se atrinchera en sus posiciones más conservadoras, tras comprobar que el bienio democrático ha conllevado una pérdida en su monopolio del poder. Pero es que la República fue más lejos aún y afianzó sus temores”. Todo esto hace que la burguesía decida invertir –en menoscabo de la actividad industrial- en tierras, seguros, acciones del Banco de España y joyas, lo que trae consigo un enorme aumento del paro entre 1868 y 1874. Por el contrario, la Restauración borbónica les devuelve la seguridad, aunque no la ilusión. Incluso con el caciquismo se da una imagen de estabilidad, y se recurre constantemente a la represión de las protestas o rebeliones populares.

Como es de esperar, esa situación general tiene su correlato en Cádiz, donde la creciente agitación social es imparable, convirtiéndose la ciudad en un referente de ella. Se pasa así de crisis esporádicas de conciencia social a una situación permanente. El Diario de Cádiz refleja las paupérrimas condiciones en que viven los trabajadores y las clases menesterosas. Se trata por tanto de una situación estructural, a la que se responde con la represión y la persecución del movimiento obrero.

La solución que aporta la clase burguesa es el recurso a las obras públicas: así se explican la Exposición Universal, la apuesta por los Astilleros, la recuperación del puerto franco, la demolición de las murallas que iban desde el puerto hasta Canalejas (incluso se pretendían tirar las Puertas de Tierra)… Sin embargo, esta coyuntura se salda con la huelga de 1903, unas de las mayores habidas en el país, y en la que Cádiz estuvo a la vanguardia

En el debate posterior a la disertación se subrayó el paralelismo entre esa situación y la que vive actualmente: “Aquí la gente sólo se moviliza con las procesiones –cada vez hay más- y los carnavales. Son las armas con las que los gobernantes tienen adormecida a la ciudadanía”

A la conferencia de Alberto Ramos siguió la de José Ramón Díez Espinosa, profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, quien se centró en los antecedentes y el contexto general que envolvió a la época que le tocó vivir a Salvochea. El discurso de Díez Espinosa se centró, concretamente, en los cambios políticos, económicos y sociales que trajo consigo la revolución liberal.

Publicado por diariobahiadecadiz.com




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