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24/11/2007

CAMALEONES

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Alberto Ramos Santana

Coloquialmente, cuando hablamos de un camaleón usamos el término para definir a una persona voluble, cambiante, adaptable a cualquier cambio o circunstancia, que adapta su comportamiento y características personales según los tiempos sociales y políticos que transcurren. En realidad, y siguiendo los manuales de zoología, los camaleones son pequeños reptiles escamosos, de los que hay más de centenar y medio de especies, que son famosos por su habilidad de cambiar de color según las circunstancias, es decir, según una tradición popular, son capaces de adaptarse a cada circunstancia y momento.

También es cierto que tienen fama por su lengua rápida y alargada, lo que no es sinónimo de verdadera, y por sus ojos, que, atentos a lo que le rodean e interesan, se mueven con independencia, siendo capaces de mirar, al mismo tiempo, a la izquierda y a la derecha. Es una característica fundamental del camaleón. Puede mover sus grandes y esféricos ojos independientemente, lo que le proporciona una visión de 360º alrededor de su cuerpo. Cuando la presa es localizada ambos ojos pueden enfocarse en la misma dirección, lo que les proporciona una visión que creen universal y definitiva de las cosas, que recubren con la pretensión de que sea una visión de profundidad.En la vida política actual hay algunos camaleones.

Hay quienes han cambiado de color, sin pudor alguno, en función de su pérdida de privilegios y comisiones, arrimándose a quién ejerce el poder en cada tiempo y momento, siguiendo sus intereses, es decir, los de su bolsillo. Los que, por evolución intelectual personal, pasan del comunismo al neoliberalismo, y además son capaces de justificarlo, podrían ser respetables si no fueran, a veces, lamentables por la vacuidad de su discurso. Pero los que, cuando tras pelotear durante años a los de un color, por seguir en situación de privilegio, en comisiones especiales, cambian su discurso en menos de tres semanas, y sus nuevos jefes lo admiten, demuestran la calaña que hay detrás, tanto por su parte, como por quien les otorgan un cargo similar al que antes tenían. Lo que sea, menos dar el callo.

Es el estilo de los que se arriman al poder lo ejerza quien lo ejerza, de los que no dudan, no en renegar de su pasado, si no que son capaces de negarlo como si nunca hubiera existido. Y, para rizar el rizo, se justifican con el fútil argumento de que ya no hay ideologías, de que en el mundo actual, el de la globalización, el pensamiento comprometido es lo de menos. Y lo dicen los que nunca tuvieron ideología, los que nunca tuvieron compromiso, los que se movieron siempre a la sombra del sol que más calienta, a los que sólo les movió, y les mueve, la certeza de la bolsa llena. Son aquellos que por mantenerse a la sombra de quien manda les da igual escribir la hagiografía, o las miserias de unos y otros, de cambiar elogios o deméritos de quien haga falta, siempre amarrados al pesebre. Camaleones, al fin y al cabo.

Publicado por Diario de Cádiz




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