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19/10/2007

Francisco Ponce: “Además de un error, derribar la Aduana sería una gran estupidez”

Inicio > — josegalindo @ 8:40 am :: 2717

Controvertido y directo, el historiador Francisco Ponce Cordones siempre se ha posicionado en contra del derribo de la Aduana. Un edificio al que guarda un aprecio especial basado en vínculos de tipo familiar y laboral. De ahí que respalde sin ambages el foro constituido en la ciudad para mantenerlo en pie.

—¿Qué significado tiene para usted el edificio de la Aduana?

—A nivel personal le profeso bastante cariño, ya que fue mi padre quien promovió su construcción a mediados del siglo pasado, cuando era ministro de Aduanas. Si a eso le añadimos que me he llevado casi 30 años trabajando en este edificio, comprenderá que no me resulte una cuestión indiferente el proyecto de demolición que se cierne actualmente sobre él.

—Sin embargo, su valor histórico o arquitectónico tampoco parece demasiado relevante.

—Hay que reconocer que no es el resultado de una idea genial o fuera de lo común. Pero el inmueble se ha integrado muy bien en el estilo propio de la ciudad y ha jugado un papel importante en todo lo relativo al muelle de Cádiz y al comercio con América. Fíjate si es representativo que en una colección de sellos que sacó Correos, el de Cádiz llevaba su imagen. Además, en su favor hay que decir también que está muy bien conservado, tanto externa como internamente. Pienso que sus paredes y escaleras revestidas de mármol y sus pinturas murales no deben eliminarse así por que sí.

—Entonces, ¿qué puede suponer, a su juicio, el derribo planteado?

—Si finalmente se lleva a cabo, no sólo se habrá producido un error, sino una gran estupidez. No le encuentro sentido a tirar un edificio que está funcionando hoy en día, tiene cierto interés y es hasta lujoso, simplemente para colocar un jardín con una docena de arbolitos en su lugar. Sobre todo, cuando la Aduana no molesta a la circulación ni a la ordenación del territorio, según lo proyectado en el Avance del PGOU. Definitivamente, el arquitecto que ha diseñado eso no debe querer a Cádiz.

—Los partidarios de la actuación dicen que la desaparición de la Aduana permitirá apreciar la fachada de la estación vieja al completo. ¿Qué opinión le merece ese argumento?

—Cada uno puede manifestar lo que quiera, aunque a mí no me convence esa idea. La Aduana tiene más presencia que una estación que, dicho sea de paso, es un mamarracho. Si contase con una fachada monumental o por lo menos se pareciera a la de Atocha otro gallo cantaría. Pero ahí no hay nada más que dos mogotes a los lados, un tejado a dos aguas y pare usted de contar.

—La Comandancia de la Marina y la Casa del Mar también se demolerán, pero no han surgido voces en contra. ¿A qué se debe?

—Eso ya escapa a mi jurisdicción. Es probable que por su situación estorben la operación de reurbanización prevista en la zona. Con todo, lo que sí está claro es que ambos tienen mucho menos valor que la Aduana.

—¿Y qué le parece el foro que se ha creado para salvar el equipamiento?

—Una idea muy positiva porque es la única manera de evitar que se cometa el sacrilegio anunciado. Todo lo que vaya en esta línea, bienvenido sea.

—¿Cree que hay tiempo suficiente para modificar la actuación, después de que las administraciones implicadas hayan llegado a un acuerdo?

—Yo no estoy muy al día de cómo van los trámites administrativos. Pero hasta que no entre la piqueta hay esperanzas. Y, aún entrando, presiento que no va a ser fácil derribar aquello porque está muy bien construido. No hay que olvidar que el almacén se dedicó a depósito de mercurio durante la guerra fría y que está cubierto por una capa de hormigón de más de medio metro. Un emparrillado de hierro que, sin duda, va a costar trabajo deshacer.

—¿A qué destinaría el edificio si al final no se tira?

—Yo mantendría la actividad que acoge ahora. Si no pudiera ser así, se lo cedería a un organismo análogo o, a lo sumo, a una institución cultural. No creo que reúna condiciones para destinarse a un hotel ni centro comercial.

“El edificio sirvió para ordenar una zona que siempre fue un barrizal”

Si hay alguien que controla a la perfección los rincones y secretos de este edificio construido en los años 50, ése es Francisco Ponce Cordones. Con 86 años a sus espaldas, este gaditano combina con maestría los recuerdos personales acumuladas a los largo de décadas de trabajo con sus conocimientos de historiador. Esta mezcla le convierten hoy día en uno de los principales entendidos en la materia. A Ponce le gusta rememorar que el inmueble nació con una finalidad muy clara: la de buscar unas nuevas instalaciones a una Aduana, que se había quedado sin sitio en su sede original (la actual Diputación), al haber sido desplazada por otros organismos que se fueron alojando allí. Pero, según puntualiza, surgió también con el objetivo de urbanizar una zona “que era un auténtico barrizal”. Un espacio ocupado tan sólo por chabolas del muelle pesquero y alguna que otra caseta de madera, como la de arbitrios municipales del Ayuntamiento. De modo que fue la llegada de la Aduana, explica convencido, “lo que le dio presencia al lugar y acabó con aquel desbarajuste”.

Publicado por Alejandro Massia (Información Cádiz)




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