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14/10/2007

Sacramento: Alpargatas, camisones y bocatas con sabor añejo

Inicio > — josegalindo @ 7:33 am :: 2706

Se ha iniciado el nuevo curso universitario y eso se nota en las calles del centro gaditano. Un constante trasiego de estudiantes procedentes de toda España y parte del extranjero, con libros bajo el brazo, suben y bajan con apremio por la calle Sacramento para asistir puntuales a sus clases. Muchos, como Patricia Robles, paran en el tradicional ultramarinos Piña, que hace esquina con Rosario Cepeda, para llevarse a la boca un bocadillo de jamón por el módico precio de un euro antes de empezar la dura jornada. «Aquí llevo 41 años, este negocio lo abrió mi marido, Fernando Piña», dice Carmen Reyna mientras despacha una barra de pan. El secreto de mantener un negocio tantos años es «tener mucha voluntad y ser amable con el público», comenta esta mujer de 67 años que derrocha simpatía por los cuatro costados.

Alpargatas

A pocos metros de este «ultramarino de toda la vida», se encuentra otro establecimiento que destila solera, la zapatería de María Isabel Abelleida conocida como Calzados Manisa que lleva abierta desde el año 1970. Un rincón especializado en la venta de alpargatas de esparto -de esas que llevaban nuestros abuelos- y de zapatillas de estar en casa. Un calzado cómodo que antes de salir a batallar a las calles gaditanas aguarda su momento en la antigua estantería del local en sus respectivas cajas. «Llevo 22 años trabajando aquí y lo que más me maravilla son los techos», dignos del museo del Prado de Madrid, comenta con orgullo José Mora.

El escaparate de madera tampoco pasa desapercibido a la vista del cliente y en especial de los turistas que acceden sin más. «Muchos entran para sacarse fotos y dicen que no cambiemos la tienda nunca», comenta la propietaria, quien lamenta que la calle tenga tanto tráfico. «En una vía tan estrecha, el paso de vehículos supone un problema para los comerciantes porque el viandante se tiene que meter en los establecimientos para dejarles paso con la consiguiente incomodidad para todos. Además, en más de una ocasión algún camión se ha llevado por delante mi escaparate. Antes, cuando había acera, estábamos más tranquilos», confiesa María Isabel mientras juguetea con su nieto sobre el antiguo mostrador, testigo fiel de tantas ventas.

Cruzando la vía se encuentra el establecimiento de cerrajería y reparación de calzado La Rapidez. Un local en donde también se hacen arreglos de costura, cremalleras y bajos de pantalón y que lleva abierto hace medio siglo, según su propietario, José Puya. «Este negocio mi padre se lo compró a Juan Miralles, un mayor del Ejército Republicano que estuvo en la cárcel y que posteriormente desertó para fundar la zapatería», cuenta Puya al tiempo que atiende a Salud, una cliente de toda la vida. «Yo recuerdo cuando era niña que venía con mi madre aquí para dejar los zapatos. El local está igual, no ha cambiado», dice echando un vistazo a los techos y alrededores.

Lo mismo le sucede a Pepi, la vendedora de periódicos, quien ya forma parte de la imagen y la historia más reciente de la calle.

El más antiguo

Siguiendo calle arriba, en la esquina conformada por las dos vías más largas de la ciudad, Sacramento y Sagasta, un lugar estratégico debido al gran flujo de personal que tiene la zona, se encuentra Recio, uno de los establecimientos gaditanos más antiguos. Un negocio que adaptándose a los nuevos tiempos -está especializado en interiores de caballero y señora- lleva abierto desde 1939. «Mi padre fundó este negocio. Al principio empezó a trabajar la mercería. En esa época, las tiendas eran como pequeños almacenes textiles que tocaban todos los artículos. Con el paso de los años hemos tendido a la especialización por las grandes superficies», comenta Leonardo Recio, quien lleva trabajando detrás del mismo mostrador desde los 18 años; hoy tiene 52.

La época más difícil, según Leonardo, fue después de la Guerra Civil. «Cuando mi padre comenzó dice que fueron momentos muy difíciles porque en España casi no existía fabricación textil para abastecer el negocio. Se tuvo que mover mucho y viajar constantemente a Sevilla para comprar a los mayoristas», detalla. Actualmente, la situación es bien distinta, puesto que «ahora compro el género directamente a fabricantes».

Contrariamente, el momento «más dulce de venta fue a finales de los ochenta y principios de los noventa», confiesa Leonardo mientras muestra a una cliente uno de los camisones que ha visto en el escaparate. Las vitrinas y las estanterías que exponen batas, pijamas, calcetines, guantes, bufandas y demás complementos son de madera. «No las he cambiado porque rompería la estética del local», afirma.

La clave del éxito de Recio está en «ofrecer artículos de calidad a precios razonables, estar siempre muy surtido y el trato personalizado que se dispensa al cliente» que ha logrado una gran cartera a lo largo de los 67 años, según explica Leonardo.

El ultramarinos Torre Tavira -está a la altura de este punto turístico- también es otro de los comercios veteranos de Sacramento. «En sus inicios, hace ochenta años, aquí se vendió de todo hasta bombonas de butano», detalla Josefa Sierra, conocida como Pepi en el barrio.

Publicado por Jesús M. Villasante (La Voz de Cádiz)




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