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6/10/2007

Viviendo al filo del peligro

Inicio > — josegalindo @ 7:41 am :: 2679

Goteras, grietas, cables de luz pelados, ratas, cucarachas, vigas de madera podridas, techos con humedades con riesgo de caerse. Algunas de las viviendas de San Juan y La Viña suponen todo un peligro para los inquilinos, una bomba de relojería, especialmente los días de lluvia. Lourdes Tormo vive con su marido, Antonio Aguilera Montes, y sus cuatro hijos en un inmueble de la calle Puerto Chico. «Desde que me mudé aquí hace tres años sufro ataques de ansiedad. Cada vez que escucho un ruido pienso que ya se ha caído la pared de la finca colindante», dice mientras señala las pronunciadas grietas a lo largo de todo el muro.

En la cocina las goteras han provocado el desprendimiento de una parte del falso techo de escayola a la altura de la cocina. «Cuando llueve no podemos cocinar porque nos mojamos», dice con impotencia. Lo mismo le ha sucedido a Manuel López, el vecino del primero, a quien «el techo ya se le ha caído dos veces», aclara Antonio.

Las escaleras de madera apolillada que dan a la azotea crujen al subir. Arriba, donde cuelga la colada Lourdes, el suelo está medio hundido y las vigas de madera están deformadas a consecuencia del agua, pero lo peor es la pared de la finca colindante que amenaza con caerse en cualquier momento debido a las pronunciadas grietas. «El peligro está ahí, prueba de ello es que esas viviendas fueron desalojadas hace tiempo. Si algún día se cae ese muro nos sepulta», afirma con el miedo en la mirada.

Lourdes y Antonio aseguran que han denunciado la situación al Ayuntamiento en repetidas ocasiones porque «en la casa el casero nunca ha realizado obras de mantenimiento». Algo que es corroborado por Enriqueta López Jiménez, la vecina del bajo que lleva viviendo «de manera precaria» en la finca desde el año 1952. «Todo está que da asco. Yo no tengo baño ni cocina, con lo cual estoy obligada a usar las zonas comunes que están llenas de humedades y ratas», señala esta mujer de 70 años.

Las filtraciones han provocado que las paredes estén abombadas. «Esto parece una ola, aquí se puede hacer surf con una tabla», comenta a modo de broma su hija, Josefa Goma, quien no oculta el cariño que le tiene al inmueble porque nació en él hace 50 años. «Me da pena porque aquí lo he pasado muy bien de niña con mis amigas, pero en esta casa nunca han hecho mejoras y estamos hablando de una vivienda centenaria según el catastro», detalla.

Publicado por Jesús M. Villasante (La Voz de Cádiz)




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