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8/11/2006

Una finca de la calle Sagasta lleva abandonada más de tres meses

Inicio > — josegalindo @ 5:27 pm :: 1807

Las puertas de la finca se cerraron hace tres meses. Un incendio, provocado según los vecinos por unos jóvenes, obligó al inquilino que habitaba en la calle Sagasta, 96, a abandonar la vivienda. Allí quedaron los restos de la vida de este individuo. Las flores aún siguen creciendo en las macetas ubicadas en el balcón. Desde la calle, las puertas abiertas de la terraza dejan ver las vigas de madera aún conservan el color a oscuro de las llamas, aunque las paredes blancas sólo han perdido un poco de su color original.

Las ventanas están cerradas, e incluso los ladrillos impiden ver qué había en el piso bajo. Quizás era una cocina, o un salón donde el inquilino disfrutaba en su sillón de un programa de televisión. Pero ahora, sólo quedan escombros, paredes rotas y maderas astilladas. Lo que pudo ser una casa típicamente gaditana, con una patio central y grandes habitaciones donde predominase la luz, es hoy un nido de escombros, insectos y gatos muertos.

Desde la casapuerta hasta la puerta de acceso a la vivienda, se acumulan cientos de papeles, un televisor con una pantalla rota y una mesa, además de cajas, ropa rota, bolsas con residuos y restos de alimentos. Algunos son enseres que se encontraban dentro de la vivienda antes de su abandono definitivo. Otros son los «olvidos de los vecinos y viandantes».

Y es que esta zona de la finca se ha convertido en el basurero oficial de algunos vecinos de la calle Sagasta. Allí dejan aquello que no pueden, o quieren, llevar al punto limpio. El problema, es que muchos vecinos han denunciado el mal olor que desprenden estos residuos y con el que deben convivir a diario.

Denuncias vecinales

Los vecinos de la vivienda colindante han asegurado que en pocos meses, «antes de que acabe el año», está previsto el derribo de la casa y la construcción de una nueva finca, que traiga nuevas caras al barrio. Según los inquilinos de la finca adyacente al número 96, está previsto el desalojo de la vivienda durante el proceso de demolición.

Hasta entonces, deberán seguir conviviendo con el mal olor de los residuos y viendo aparecer, día sí y día también, felinos muertos. Aunque ayer, casualmente, el propietario tapió la entrada.

Publicado por Mayte Huguet (La Voz de Cádiz)




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