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14/10/2006

Javier de Burgos: Una vía que pierde solera para ganar en ruidos

Inicio > — josegalindo @ 6:59 pm :: 1746

El escritor español, Javier de Burgos (1842-1902), autor de libretos de zarzuelas, entre los que destaca La boda de Luis Alonso, dio nombre a la calle que se inicia en la plaza de El Palillero. Una vía en cuesta, de unos cien metros de largo que, con el paso de los años, según cuentan los oriundos, ha cambiado mucho.

En la memoria de los más antiguos vecinos queda el recuerdo de la Academia de Corte y Confección de Mary Luisa, ubicada en el primero derecha del número 24, cuyo letrero aún permanece en el balcón en un intento de evocar el pasado. «Aquí venían las vecinas de todo el barrio para tomarse medidas y hacerse los vestidos para las grandes citas», explica Juana Martín, una vecina. Algo que es corroborado por el propio hermano de Mary Luisa, quien nació en la misma vivienda, entre patrones y máquinas de coser.

«Esta calle ya no es la misma. Aquí pasé mi infancia y todavía tengo imágenes en la memoria de los carros tirados por mulas que llegaban llenos de jamón para ser descargados en la Casa de los Jamones, cuyo propietario era Ramón Vázquez. El nuevo restaurante La Vaca Verde era una casa de antigüedades a donde venía hasta la mujer de Franco, Carmen Polo, a comprar. El pago de la luz se hacía efectivo por los gaditanos en el lugar que hoy es el Centro Integral de la Mujer El Palillero».

Un poco más arriba, siguiendo la calle y haciendo esquina, se encuentra la peluquería Nicos, uno de los pocos establecimientos antiguos -tiene 40 años- que todavía perdura, posiblemente porque con la intención de adaptarse a los nuevos tiempos, ha sido pionero en varios aspectos. «Fue la primera peluquería que empezó a cortar el pelo a navaja en Cádiz y a hacer la permanente y manicura a los hombres. Un servicio que generalmente era requerido por médicos y profesionales que necesitan tener unas manos con presencia», detalla Dani Orego, quien recuerda que ese tipo de trabajos se realizaban en la planta de arriba por el pudor que suponía para los clientes. «Por aquella época el ser metrosexual y cuidarse era algo que todavía no estaba asimilado en la sociedad», señala entre risas.

La peluquería conserva la puerta de entrada original, así como las escaleras y el mostrador de madera en donde en uno de sus cajones se guardaba el dinero que entregaban los clientes a lo largo de la jornada a cambio de los servicios recibidos. Nicolás, el fundador, tiene actualmente ochenta años y vive en Chiclana.

Finalizando la calle se encuentra el Club Deportivo de Pesca Marítima de Cádiz que lleva en funcionamiento desde 1951. Actualmente, el local permanece cerrado por obras de remodelación en el edificio. «Estamos reparando las azoteas que, con 50 años que tienen, se estaban cayendo y provocaban goteras en las viviendas», comenta Germán Garrido, uno de los operarios, quien confirma, además, lo incómodo que resulta trabajar con tanto tránsito de motos y coches. «Una cosa tan sencilla y rápida como la instalación de los andamios ayer nos llevó todo el día, ya que cuando pasan las motos tienes que retirarte. Además, si no les dejas el camino libre a los taxistas te ponen mala cara».

Un peligro para los niños

La permanente circulación de las motos y los vehículos con el consiguiente ruido es, precisamente, la denuncia que hacen todos los vecinos y comerciantes de la calle Javier de Burgos. Esas constantes denuncias se suman al hecho de que el tránsito de vehículos está prohibido en esta vía, pues existe una señal de tráfico que así lo especifica antes de arribar la calle, a la altura del Centro Integral de la Mujer El Palillero. «Esta calle antes era más tranquila porque no había tantas motos y coches. Estamos hasta el gorro del tráfico. Aquí no hay control ninguno y lo mismo van para arriba que para abajo. Esa señal no sirve para nada», asegura Esther Leal.

Otra vecina que lleva viviendo sesenta años en el barrio, desde 1946, manifiesta que «la Policía no hace nada y que son pocas las veces que se ve a los agentes en Javier de Burgos poniendo multas».

Desde su balcón, Juana Martín afirma que «es imposible conciliar el sueño debido al ruido de las motos». Una bulla que ha provocado que muchos vecinos de la calle hayan tenido que cambiar de habitación. «Nosotros optamos por mudar el dormitorio a la parte de adentro para estar más tranquilos. Ahora aquí tenemos el salón y tenemos problemas para escuchar la televisión», dice Antonia de manera resignada.

Pero además del molesto ruido, los habitantes advierten de que el constante ir y venir de los vehículos por esta céntrica calle supone un peligro para los peatones, especialmente para los pequeños. «Mi nieto el otro día salía corriendo del portal y casi lo atropella una moto. En este edificio viven muchos niños que no son conscientes del peligro que existe en esta calle», señala María Luisa mientras sale con precaución de su portal.

Locales que dan color

La cafetería El Tostadero y el restaurante Vegetariano La Vaca Verde son los establecimientos más modernos y los que ponen la nota de color en la calle. El primero, ubicado frente al Centro Integral de la Mujer El Palillero, luce su fachada color naranja y ofrece bocadillos y una variada bollería en sus amplias instalaciones.

La Vaca Verde tiene la fachada del color que indica su nombre, muy apropiado para un restaurante vegetariano en el que también se ofrecen pizzas y todo tipo de tapas. «Hemos abierto hace un par de meses», comenta Néstor Hidalgo, padre del propietario, de nacionalidad argentina, quien además anuncia que hoy está «previsto realizar un espectáculo de tango en directo».

Publicado por Jesús M. Villasante (La Voz de Cádiz)




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