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3/9/2006

El centro de todo el ruido

Inicio > — josegalindo @ 8:02 am :: 1624

Hablar del centro de Cádiz es hablar de historia, de casas palacio y balconadas con filigranas, de calles estrechas que protegen del sol. Pero también es hablar del ruido que inunda esas calles estrechas y que se cuela por los balcones, día y noche, por culpa del tráfico que circula a todas horas por la zona centro.
“Mejor no hablar, es horroroso…". Inés López, dueña de la pensión España. Sobre todo de noche. Y si hay obras, como ocurre ahora en Marqués de Cádiz, donde está su negocio, peor aún. Las motos, las furgonetas y la pequeña maquinaria que se usa para las reformas crean una sinfonía nada agradable a los oídos de comerciantes, hosteleros y vecinos de la zona.

Sin embargo, la pensión España tiene mejor suerte porque está situada en zona peatonal que, aunque escasa, limita los efectos del ruido. En cambio, la pensión Marqués de Cádiz se halla en plena zona de tránsito. Para su dueño, José Ramón Muñoz, el principal problema son los camiones de la basura, que con su pitido no le dejan dormir. “Parece que cuando ellos trabajan, el resto no tenemos derecho a vivir", afirma con enfado. También les molesta el jaleo que forma la taberna que hay debajo, pero esa es otra historia. A tal punto ha llegado la situación que se le van clientes todos los días “nada más que por el ruido". Y eso que, dice, “trabajo con gente joven". Lo curioso es que la calle Marqués de Cádiz está cortada al tráfico salvo para aquellos que quieran acceder a los garajes. Sin embargo, da la impresión que la señal que lo indica es invisible para algunos conductores.

En la cercana Cristóbal Colón parece que este problema de tráfico ha quedado resuelto, en parte, por su conversión en vía peatonal. Un inmaculado disco blanco preside la entrada. “Ha mejorado la situación, aunque siguen pasando coches", comenta Paco Batista, recepcionista del Hostal Canalejas; “los coches que pasan con equipos de música, esos no hay quien los quite". Desde el Bar Miña Terra, en el que trabaja Enrique Gómez, lo que más se escucha es el estruendo de los ciclomotores. “Pasan a una velocidades inadecuadas y a escape libre", asegura Enrique. Pero no es algo que afecte especialmente al negocio.

Cardenal Zapata es otra de esas calles céntricas convertida en peatonal. Pero, como denuncia el vecino Luis Hilario, no es algo que se respete como se debería. “Las motos van a escape libre, pasan camiones y furgonetas de reparto. La gente se salta la señal por rutina, y no veo vigilancia para tratar de corregirlo", cuenta. Esto evidentemente, se traduce en ruido para los vecinos. Sin embargo, Luis Hilario cree que es una cuestión de “cultura” de los gaditanos: “por lo general, hay mucho ruido ambiente en Cádiz, la gente está acostumbrada a hablar por la calle". Y viene a la mente la clásica imagen del gaditano gritando por la calle como si estuviera en el salón de su casa.

La cercana calle Santo Cristo aparece tranquila a la una de la tarde. Una suave brisa alivia el intenso calor del mediodía. Sin embargo, una vecina advierte del engaño: “Por regla general es una calle muy transitada, es la salida que tiene el centro así que hay coches a todas horas y las motos van a la carrera".

En la calle Buenos Aires, Nando se toma su café de sobremesa antes de abrir la tienda en la que vende sus propias obras de arte. “Ruido, todo el que quieras y más", y Miguel Angel Durán, el camarero, asiente. Aunque, matizan, “tiene sus días, depende del horario". Además, ahora la cosa está peor, porque camiones y tractores recorren la vía para dirigirse a las obras de San Pedro. Sin embargo, más que del ruido, de lo que se quejan ambos es de la suciedad de la calle. Por su parte, Desirée Ramos, una joven vecina, cuenta que por las noches duerme “regular” por el constante tráfico que acoge la calle.

Buenos Aires comparte, además, un mismo problema con la calle Veedor. Cuando llega el invierno y los botellones se trasladan de la plaza Ingeniero La Cierva a la plaza Mina, la calle Veedor se convierte en “el servicio oficial de los botellones", asegura la vecina Sandra Abad. En Buenos Aires ocurre lo mismo y en invierno el tráfico aumenta con la movida, aunque ahora “en verano hay menos” tránsito, como reconoce la propia Desirée. La calle Veedor, sin embargo, sea la estación que sea, “tiene muchísimo tráfico", según cuenta Sandra. En esas condiciones, los fines de semana es difícil descansar.

Manolo Martínez insiste en el problema de las motos y sus ruidosos tubos de escape: “Van todos sin escape, parece que está de oferta lo de no llevarlo". Es algo que desde el restaurante en el que trabaja, el Diez de Veedor, se vive en directo todos los días: “cada vez que pasa una moto, la clientela vuelve la cabeza para mirar". Manolo destaca, además, la poca paciencia de los gaditanos. “Descarga un coche y diez le pitan", cuenta. Paco Chicón está doblemente afectado por el ruido. Dueño de Ultramarinos Veedor y del Restaurante Diez de Veedor y, además, vecino de la vía, no entiende porqué los conductores toman su calle para llegar a la Alameda si es más fácil coger por Calderón de la Barca. Además, denuncia que los coches pasan “muy deprisa y tocan el claxon, no nos dejan ni de noche ni de día".

Paco, eso sí, lo tiene muy claro: “Cuando me jubile me voy de aquí, porque lo de las motos es inhumano. Yo me voy a la Sierra de Cazorla por lo menos", afirma entre risas.

Publicado por Javier Yohn Planells (Diario de Cádiz)




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