cadizcentro.net

17/7/2006

Hospital de Mujeres: Una calle, tres barrios

Inicio > — josegalindo @ 4:11 pm :: 1483

La Virgen del Carmen aún sigue recibiendo la visita de sus vecinos, de los transeúntes y de los que, por casualidad, han llegado hasta la puerta de la sede del Obispado de Cádiz y Ceuta. Creyentes y ateos, clase obrera y empresarios, republicanos y fervientes cristianos rezan mirando a un cuadro donde una Virgen, con su niño en brazos, observa el paso del tiempo con sus ojos dulces.

En la calle Hospital de Mujeres, el espíritu del antiguo centro sanitario aún se respira, donde decenas de militares heridos durante la batalla de Trafalgar curaron sus heridas allí. La fachada señorial del edificio se mezcla con el estanco de la esquina de la calle Sagasta, con 115 años de antigüedad. El olor a pescado frito del freidor Europa impregna Hospital de Mujeres donde, hace no muchos años, las amas de casas se acercaban para comprar la leche del día en la lechería Las Columnas, hoy una tienda de electricidad.

Desde la plaza de la Libertad hasta la calle San Rafael, Hospital de Mujeres es un amplio escaparate de lo que fue Cádiz, de lo que es, y de lo que será en un próximo futuro. Tiendas que abren, otras que cierran a la espera de que llegue un nuevo empresario, tenderos que resisten al paso del tiempo y fachadas de edificios que descubren a una ciudad llena de alegría.

Una alegría que inunda la calle cada Carnaval. Coros, comparsas y chirigotas, sobre todo ilegales, cantan subidos en las aceras. Ya quedó en el recuerdo el hueco del almacén de Simago. Un escenario improvisado donde las agrupaciones sacaban lo mejor de sí mismas. Tampoco cantan ya sus coplas en el bar de la esquina con la calle Alcalá Galiano. Los congelados de Procosur recuerdan al gaditano cómo han cambiado las cosas.

Y aunque el ‘bache’ donde los vecinos se tomaban su vaso de vino haya cambiado de uso, en el Bazar Romero todo sigue igual. La distribución ha cambiado. Ya no se observan desde la calle los productos que ofrecía esta tienda. Ahora, Manuel Romero, junto a su hijo y dos empleados más, siguen atendiendo a su clientela, fija, habitual o esporádica.

Junto al bazar, la zapatería María Bernal, y el local de Casa Crespo. Aún recuerdan en la zona el cartel que su propietario colgaba eternamente: Enseguida vuelvo. Los pájaros cantaban desde que salía el primer rayo de sol por el horizonte, y en Hospital de Mujeres el ruido se convertía en sinfonía.

Ahora, el hijo de Crespo, José Ángel, y su nieto, Pablo, no venden pájaros, sino gafas. Una actividad muy diferente a la original. Quien no ha cambiado de actividad ha sido la Droguería Galpa, aunque sí de propietario.

Luis Ruiz -presidente de la peña Los Dedócratas- heredó el negocio de su padre, que a su vez compró el negocio a su propietario hace 55 años. Veinte años antes,Galpa abrió esta droguería donde se encontraban los productos más necesarios para la limpieza, pintura o aseo. Unos productos que aún siguen vendiendo, a pesar de la presencia de las grandes superficies. Éste es el secreto de la Droguería Galpa para mantenerse en el negocio.

Quien no pudo resistir al paso del tiempo fue la lechería La Columna o la lechería de Maruja y Antonio, un matrimonio que mantenía su negocio a duras penas en la esquina de la calle Sagasta. También ha desaparecido el almacén de alimentación, donde hoy existe la colchonería. La papelería Minerva ha dado paso a la freiduría, que también sufrió una profunda transformación y también se ha convertido en un bar.

Varias generaciones de niños han vestido sus pies en Calzados Bambi. Los ya adultos y mayores aún recuerdan el peluche del ciervo en la tienda donde, cada que vez que tenían una oportunidad, subían en su lomo.

El olor a manzanilla y a vino dulce de la taberna de la confluencia de la calle Sagasta -hoy Bar Maxi- se hacía más presente cuando saltaba el viento de Levante, como el que salía desde el almacén de ultramarinos que se ha transformado en Aluminios Willy.

Del Garage América ya sólo queda la fachada que ocupa el establecimiento Televok. Allí, los vecinos de La Viña y el Centro arreglaban sus vehículos, la mayoría Seat, «lo que había en la época», comenta un vecino.

Si entonces la calle soportaba mucho tráfico de coches y camiones, ahora es casi insoportable. Hospital de Mujeres es el lugar de acceso al centro por el Campo del Sur, la vía para llegar al barrio de la Viña y al hospital de San Rafael y al Gran Teatro Falla.

Viejas costumbres

En la calle Hospital de Mujeres han cambiado muchas cosas, sobre todo de tipo comercial, aunque la esencia se sigue manteniendo. Cada día pasean las mismas caras que acuden hasta La Plaza para hacer las compras para la casa.

Por la mañana temprano caminan adormilados los gaditanos hacia sus puestos de trabajo. Con maletines, con monos o con traje de chaqueta, estos trabajadores acuden a sus puestos para afrontar una nueva jornada laboral. Y a su paso por el Hospital de Mujeres, la mirada se vuele hacia el interior del edificio, buscando la mirada protectora de Nuestra Señora del Carmen.

Y aunque el cuadro de la Virgen ha sobrevivido al paso del tiempo, los niños que vendían el periódico ya han desaparecido de este escenario. Hace tan sólo cuarenta años, Francisco Bello vendía los ejemplares que salían de la rotativa que existía en la calle Ceballos. Entre cartones, para protegerse del frío en invierno, se sentaba en el hueco que dejaba la puerta de la papelería Minerva. Aunque el sueñe le venciese, todo el que cogía un periódico dejaba el dinero de cada ejemplar en una bandeja, y nunca descuadraban las cuentas.

Hospital de Mujeres era una calle de segunda categoría, según estaba registrado en el Ayuntamiento de Cádiz. Así, los establecimiento que tenía doble acceso, pero tenía el principal por esta vía, pagaban menos tasas que los que tenían registrados sus negocios en la calle Sagasta.

Ya cerca de la plaza de Jesús Nazareno, un mosaico recuerda la coronación de la Virgen de la Palma en el año 1987. La tranquilidad de Hospital de Mujeres desde la confluencia con la calle San José contrasta con la continua actividad que se vive en la parte más cercana al Mercado Central.

En esta zona, el bar Bella Mar se ha hecho con una clientela gracias a sus tapas a su manera de cocinar los caracoles en el mes de mayo y junio.

La plaza se convierte en un hervidero en Carnaval, donde miles de ciudadanos -gaditanos y visitantes- se desplazan hasta el barrio de La Viña para vivir la fiesta. Una fiesta que se vuelve a revivir durante la Semana Santa, aunque con un carácter bien distinto.

Por la calle Hospital de Mujeres desfila el Domingo de Ramos Jesús de la Penas acompañado por la Virgen de la Caridad. El Cristo de La Palma y la Virgen de Las Penas llegaban, desde la Iglesia de La Palma, hasta la Catedral paseando por la zona, aunque ahora su itinerario le obliga a coger por el Campo del Sur. En la madrugada del Jueves Santo, la Hermandad del Descendimiento cubre con su silencio a un barrio que, cada año, sale a la calle para recibir a Nuestro Padre Jesús de los Afligidos y María Santísima de los Desconsuelos. La Madre y un Hijo que se encuentran siempre en la calle Hospital de Mujeres.

Publicado por Mayte Huguet (La Voz de Cádiz)




RSS 2.0         Identificarse