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6/5/2006

CUENTOS PARA NO DORMIR

Inicio > — josegalindo @ 1:33 pm :: 1295

Érase una vez un ser tan pequeño que cabía en la palma de la mano. Por ese motivo todos le llamaban Romancito, sobre todo la malvada dueña del castillo municipal. Romancito era tan pequeño, que cuando salía a la calle de la Pelota le gustaba cantar: - ¡Peperín, peperín, peperín! ¡Mucho cuidado con lo que hacéis! ¡Peperín, peperín, peperín! ¡A Romancito no piséis! Sus colegas le querían mucho, unos más que otros, pues sabían que poco importa el tamaño cuando uno es listo.

Cierto día en que un colega suyo iba al campo de Benalup, Romancito le pidió que le dejara acompañarle y guiar al caballo. - ¡Verás cómo puedo hacerlo! - Romancito le pidió que le situara sobre la oreja del animal, desde donde le iba dando órdenes que éste obedecía a pesar de no saber de dónde venían. - ¿Ves cómo puedo? ¿Qué más da ser pequeño si puedes pensar?

Caminando, caminando, llegaron al prado de colifores y Romancito saltó al suelo para estirar las piernas. Mientras su colega recogía las verduras para luego tirárselas a sus oponentes, el diminuto Romancito jugaba entre las hileras de plantas. Jugando y saltando, Romancito no cayó en la cuenta de que se alejaba cada vez más de su colega.

Tras uno de sus saltos, Romancito fue a caer dentro de una coliflor, como esas que la estanquera de la Viña colocó en la Avenida Juan Carlos I. El movimiento de Romancito captó la atención de la loba de pelo rubio que estaba a pocos pasos de allí. La loba se dio la vuelta, se encaminó hacia donde estaba el minúsculo Romancito y se comió la coliflor del jardín coliflorero de un bocado, con él dentro.

Cuando llegó la hora de volver a casa su colega buscó a Romancito por todas partes, pero fue incapaz de encontrarlo. Tras mucho tiempo, avisó a otros colegas y juntos recorrieron caminos y campos buscando a su amigo: - ¡Romancito! ¿Dónde estás? - Gritaban al unísono. Pero cayó la noche, vino el día y Romancito no aparecía.

Sus amigos apenas durmieron y después del desayuno siguieron buscando. Cayó la lluvía y después nevó, y sus colegas seguían buscando: - ¡Romancito! ¿Dónde estás? - Llamaban a voz en grito. - ¡Aquí estoy! ¡En la tripita de la loba ésta, donde ni nieva ni llueve! - Escucharon a lo lejos.

Contentos por haberle encontrado, los colegas de Romancito le hicieron cosquillas en la nariz a la loba rubia. Con un gran estornudo por parte de ésta, Romancito salió de la tripa y abrazó a sus amigos con alegría. Mientras volvían a casa para celebrarlo, todos cantaban alegres: - ¡Peperín, peperín, peperín! ¡Mucho cuidado con lo que hacéis! ¡Peperín, peperín, peperín! ¡A Romancito no piséis!




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