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3/5/2006

La ausencia de alternativas desplaza la indigencia a Topete

Inicio > — josegalindo @ 4:19 pm :: 1282

A la mañana, tras el desayuno, los que tuvieron suerte de encontrar plaza en el albergue municipal, o en Caballeros Hospitalarios, se echan a la calle y comienzan a deambular por la ciudad. El Ayuntamiento les ha vallado la Plaza Guerra Jiménez, lugar de estancia de muchos de ellos durante bastante tiempo. En Cádiz no hay recursos diurnos para atender a esta población. Así que la fuente de la aledaña Plaza de las Flores les sirve de refresco ahora que empieza a apretar el calor. Los residentes y comercios del enclave conviven de mala gana con todas estas personas sin techo. Hay que mantener la calma, para no animar al somatén.

“Nos preocupa la actuación del Ayuntamiento, hay una carencia absoluta de política de calle que permita atender adecuadamente a estas personas, que están en una situación difícil”, se queja el portavoz de la Asociación Pro Derechos Humanos, Rafael Lara.

Las únicas opciones que tienen las personas indigentes en la capital gaditana son los dos citados albergues, uno de titularidad pública y otro perteneciente a una entidad benéfica, que en todo caso sólo les permite la estancia durante tres noches seguidas. Y la cuestión no es el poco margen temporal que tienen, es que, como bien se ha dicho, se trata únicamente de las noches. Porque en Cádiz, por más que se haya pedido desde distintos frentes sociales y, muy particularmente, desde algunas asociaciones de vecinos, no existen centros de estancia diurna.

Según explicaban ayer fuentes municipales, la atención a la población indigente en el municipio de Cádiz se centraliza en el albergue municipal y sus oficinas, desde donde se facilita una posibilidad, como se puede apreciar, muy limitada, de pernoctar, comidas, desayunos, baños y la tramitación de algunas ayudas como billetes de autobús, etcétera.

El resto de los recursos lo facilitan entidades privadas y de la Iglesia, como el citado albergue de Caballeros Hospitalarios, el comedor Virgen de Valvanuz, los comedores de María Arteaga o Caritas Diocesana. Y eso es todo.

Derechos Humanos considera imprescindible la existencia de equipos de calle, porque la casuística de la indigencia es muy variopinta. Hay personas que llegan a ella como consecuencia de un largo periodo de drogadicción, otras por problemas de alcoholismo, otras derivado de una circunstancia de enajenación mental, otras por la desintegración de lazos familiares y niveles de renta que las sitúan muy por debajo del nivel de la pobreza…

Atención individualizada

Así las cosas, cada persona requiere un tipo distinto de actuación y, a juicio de Derechos Humanos, es a los citados equipos de calle a los que les correspondería prestar esta atención individualizada.
Otra importante carencia es la inexistencia de políticas destinadas al resto de la ciudadanía, de educación social sobre la naturaleza de este problema y los límites que los derechos inalienables de la persona imponen a todo tipo de actuación por parte de la sociedad y las administraciones. “Sin embargo, el Ayuntamiento cede muchas veces a presiones vecinales que no son tan importantes o que, en todo caso, se podrían analizar de otra manera”, apostilla Rafael Lara.

Actuaciones como la de Plaza Guerra Jiménez llevan a Derechos Humanos a reprochar al Ayuntamiento el uso de medidas cuasi policiales en detrimento de otras más factibles. “La política del Ayuntamiento es la más sencilla, pero a la larga la más ineficaz, con un carácter casi persecutorio”, continúa el activista de los derechos humanos.

No es existe, desde luego, ningún censo de indigentes en Cádiz, pero intuitivamente se diría que es un problema que ha ido in crescendo durante los últimos años, o al menos se ha hecho más visible socialmente. Sin embargo, los recursos, de los que se ha venido haciendo un breve repaso, lejos de crecer, se han estancado notablemente.

Cabe mencionar las situaciones de urgencia. Olas de fríos que en ayuntamientos como el de Madrid, también gobernado por el PP, han llevado en ocasiones a abrir las estaciones del metro para que los indigentes puedan pernoctar sin morir por congelación.

Aunque nada de lo expuesto, al hilo de los argumentos de Derechos Humanos, significa obligar a la ciudadanía a convivir con situaciones de insalubridad o altercados molestos, sino adoptar medidas que además de eliminar estos riesgos consideren la naturaleza del problema que se trata.

Publicado por José García (Información Cádiz)




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