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9/4/2006

OPINIÓN

Inicio > — josegalindo @ 8:02 am :: 1220


La participación ciudadana

La historia la escriben los pueblos, los ciudadanos. Los que quieren. Porque hay algunos que creen que la participación ciudadana es organizar un acto lúdico-festivo cada año y acudir con las orejeras puestas a cualquier acto amparado por las autoridades de turno, como el que ha organizado estos días la Delegación de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Cádiz, catalogado como rotundo éxito porque han acudido 50 personas.

La participación ciudadana es algo más, evidentemente. Y si ésta no hubiera hecho dejación de su derecho, no se darían casos tan escandalosos como los que han ocurrido en Marbella o están ocurriendo ahora mismo en nuestra provincia, donde unos desaprensivos que entraron en política para medrar y robar lo hicieron a sus anchas, con la connivencia de aquellos ciudadanos que miraron para otro lado. Los políticos no quieren que los ciudadanos metan la nariz en los presupuestos, en las decisiones que se han de tomar para cambiar la fisonomía de las ciudades. Eso es cosa de ellos, ese es su terreno. Pero el derecho a participar en los asuntos que nos afectan es muy importante que lo ejerzamos organizadamente. Para eso están las asociaciones de vecinos y otro tipo de organizaciones que dan cabida y participación a quienes no desean que nadie tome decisiones que puedan perjudicarles a ellos o a sus vecinos.

Lo que ocurre es que ese derecho que tienen los ciudadanos a participar en la cosa pública (participación ciudadana) no se da por soplo divino ni generación espontánea. Hay que conquistarlo, a veces con mucho esfuerzo, peleando la mayoría de ellas contra quienes se creen con un poder sobrenatural que les hace ser infalibles. Y peleando, desgraciadamente, contra quienes dicen estar en la misma trinchera y se arriman al Poder para sacar tajada, importándoles un comino sus vecinos y la participación ciudadana. Con tal de salir en la foto y que los vean rodeados de autoridades varias se dan por satisfechos, con las consiguientes contrapartidas, claro está.

A los políticos mediocres les conviene tener dividido al movimiento asociativo: a aguas revueltas, ganancia de pescadores. Aunque proclamen a los cuatro vientos que desean la unificación vecinal, mienten como bellacos, porque saben que con la división pueden manejar a su antojo el tejido asociativo y hacer y deshacer sin más control que el que ellos mismos administran.

La participación ciudadana cumple su cometido cuando los ciudadanos la ejercen voluntariamente y con responsabilidad, cuando solicitan saber en qué se van a gastar su dinero quienes les gobiernan, qué se va a construir en sus espacios libres, qué tipo de cultura se debe fomentar en sus ciudades, cómo van a ser atendidos los ciudadanos más desfavorecidos y los mayores. En eso consiste la verdadera participación ciudadana, no en convocar jornadas variopintas sin interés ninguno con el único propósito de pregonar las bondades de la delegación correspondiente y ofrecer una imagen idílica que no se corresponde con la verdad. La participación ciudadana, para que sea real y no una pantomima, hay que ejercerla, no dejar que otros (normalmente los políticos) la ejerzan por nosotros y la conviertan en actos simbólicos y puramente testimoniales.




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