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2/4/2006

CUENTOS PARA NO DORMIR

Inicio > — josegalindo @ 7:15 am :: 1201

Había una concejala de AP que vivía en el bosque de EP. Sus mentores le habían regalado una capa azul que a ella le gustaba mucho lucir, por lo que en todos aquellos parajes la llamaban Caperucita Azul.

Un día le pidieron que se presentara como candidata a las elecciones de una comunidad de cuyo nombre no quiere acordarse, donde gobernaba un lobo feroz, con cabeza voluminosa y dientes afilados. Le recomendaron que no se entretuviese por el camino y que fuese derecha a casa de su abuelito, un tal Fraga, pues el lobo estaba al acecho.

Caperucita Azul cogió su cesta y se puso en marcha camino de aquel lugar misterioso. Tenía que hacer una larga travesía, pero a ella no le importó porque en el camino encontró muchos amigos: la mayoría no eran de AP. También encontró enemigos, sobre todo uno, que se la tenía sentenciada y que esperaba con anhelo que se diera el batacazo y se la comiera el lobo.

De pronto, vio al lobo, que era enorme, aunque no tanto como su cabeza.

– ¿A dónde vas Caperucita? –le preguntó el lobo con voz ronca.

– A ganar las elecciones de una comunidad.

El lobo, astuto, se fue derecho a la nevera y se zampó medio Iribarne. Se metió en la cama y esperó a que Caperucita Azul llegara.

Caperucita llegó al sitio y comprobó que su abuelito estaba algo cambiado, más gordito y más bajo.

– Abuelito, abuelito, ¡qué ojos más grandes tienes!

– Son para no quitártelos de encima, que ojos que no ven, elecciones que pierdes.

– Abuelito, abuelito, ¡qué orejas más grandes tienes!

– Son para distinguir mejor las voces de Los Pecos.

– Abuelito, abuelito, ¡qué dientes más grandes tienes!

– Son para… ja,ja, ja, ¡comerte mejooor! y ganar las elecciones.

Así fue como el lobo se abalanzó sobre Caperucita Azul y la devoró, como había hecho con su abuelo. De suerte, que en el bosque había un cazador que, viendo las intenciones aviesas del lobo, le disparó y sacó de su vientre, algo magullados, a Caperucita y a su abuelo.

Estos no sufrieron más que un susto, pero a Caperucita Azul le sirvió la lección para acuñar una frase: “¡Antes muerta que en Sevilla!". De ahora en adelante, no hablaría con ningún desconocido, ni siquiera de la AVV Cádiz Centro, y seguiría en su bosquecillo encantado, viendo cómo la adoraban sus vecinos.




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