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31/3/2006

Una nueva reyerta en Guerra Jiménez acrecienta el miedo en el vecindario

Inicio > — josegalindo @ 5:08 pm :: 1191

Sobre las seis y media de la tarde, los vecinos y comerciantes de las cercanías de la plaza Guerra Jiménez, solar que ocupaba el antiguo cine Terraza, fueron testigos de una garata en la que se vieron involucrados quince indigentes.

Fue requerida la presencia de la Policía Nacional pero, según fuentes de la Subdelegación de Gobierno, al llegar allí sus agentes comprobaron que la Policía Local ya se había hecho con la situación y que se había disuelto la reyerta.

Una hora después, a las siete y media, de nuevo fue requerida la presencia del Cuerpo Nacional de la Policía dado que una situación similar se estaba viviendo, ahora en la cercana plaza de Las Flores. En esta ocasión, la Policía procedió a identificar a todos los participantes y a detener a dos de ellos, M.R.S. y S.K.H., de 52 y 35 años respectivamente, al no contar con ningún documento personal.

Testigos presenciales de la primera de las peleas dijeron ayer que varios de los indigentes le propinaron una brutal paliza a uno que parecía ser más joven y luego se produjo un escandaloso intercambio de botellazos que, afortunadamente, no alcanzó a ninguno de los ciudadanos que a esas horas circula por el lugar. Igualmente, en la reyerta de las siete y media la situación se presentó similar pero ya con menos presencia de menesterosos. La dueña de una de las floristerías ubicada allí relató que pasó mucho miedo y que vivió un mal rato que le provocó un gran nerviosismo.

Al parecer, según esta testigo, la garata se formó de manera progresiva. Una rubia y joven indigente se constituyó en una de las protagonistas más activas de la pelea. Un intento de robo entre ellos mismos pudo ser la causa del cruce de golpes entre ellos. Y como siempre, las botellas hicieron de nuevo su aparición en el espacio aéreo de la plaza con el consiguiente peligro que supone la falta de puntería de estos individuos cuyo grado etílico no suele ser el idóneo para hacer prácticas de tiro. De hecho, una de las botellas llegó a estrellarse contra las flores expuestas en uno de los tenderetes. Según testigos, la momentánea ausencia de la propietaria de la floristería evitó que esa botella le golpeara casi con toda seguridad.

Miedo. Ayer ya hablaban de miedo tanto los comerciantes como los vecinos que residen cerca de la plaza Guerra Jiménez. Incluso algunos llegaron a hablar de pavor. Al parecer, esta situación se repite más a menudo de lo deseado. “Es algo ya habitual. Muchas veces llamamos a la Policía, otras no y dejamos que se peguen entre ellos", comenta un vendedor de pequeños juguetes ubicado a las afueras de la plaza de abastos.

La postura de los comerciantes es de lo más variopinta. Todos confiesan tener miedo pero siempre la humanidad termina por hacer su aparición incluso después de llegar a afirmar que la solución pasa por levantar un “campo de concentración para esa gente". El vendedor de telas que empezó por expresarse así, de forma tan tajante, acabó sus declaraciones a este periódico diciendo que “son personas y hay que tratarles como personas". Otro vendedor, mucho más comprensivo, dijo que suele tratar con los indigentes y “muchos de ellos me han demostrado tener la cabeza bastante bien amueblada. Lo que les traiciona es que ya tienen poco que perder y el alcohol y la droga les lleva a unas situaciones extremas que les convierte en personas con las que difícilmente se convive". Otros muchos comerciantes del lugar negaban tener miedo pero, sin embargo, no querían aparecer en el periódico con nombre y apellido.

Lo más detestable de la presencia de los indigentes en Guerra Jiménez, según los consultados, es la imagen que otorgan a este espacio público. Orines, cartones, mantas sucias e incluso defecaciones aparecen todas las mañanas en la plaza. Y no sólo allí, puesto que una señora que vendía en un tenderete cercano afirma que cada mañana se ve obligada a retirar voluminosas cacas que “levantarían el estómago al más pintado y así no se puede vivir".

Todos piden que alguien ponga fin a esta situación pero ya no saben cómo actuar ni a quién quejarse. La propietaria de una cafetería afirma que a pesar de que por sus continuas quejas la han llegado a calificar de “inhumana” sigue en su particular lucha contra la Policía Local y contra el Ayuntamiento. “Alguien debe acabar con esto".

Publicado por Joaquín Benítez (Diario de Cádiz)




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