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18/3/2006

San Francisco: Una calle, tres zonas distintas, un sólo espíritu

Inicio > — josegalindo @ 8:57 am :: 1149

La calle es un ir y venir de personas continuo. Mujeres con carros llenos de productos del supermercado, ancianos con las bolsas de la farmacia, algunas chicas jóvenes cargadas de nuevas prendas para el verano y ejecutivos y empresarias corriendo para entrar en alguna sucursal bancaria. En la calle San Francisco, desde la plaza del mismo nombre hasta Nueva, muy cerca de San Juan de Dios, se funden las actividades de una manera natural. El olor de las cocinas de los restaurante se une con el de los medicamentos o con el de los champús de las peluquerías. Y es que en San Francisco se mezclan todos los negocios: textil, decoración, complementos, peluquerías, artículos de regalo, dulces y banca. Un pequeño Cádiz en pocos metros. Y todo cubierto con la protección del Nazareno del Amor, la Esperanza y el Cristo de la Veracruz, acompañada por La Soledad.

En San Francisco, el espíritu del convento del mismo nombre invade la zona. El verde esperanza y el blanco del túnico del Amor adorna muchos balcones de la calle. Algunas de estas fincas son demasiado antiguas, otras están en proceso de rehabilitación. Pero todas conservan el espíritu constitucional de 1812. De hecho, hace sólo dos años una empresaria gaditana decidió recuperar un antiguo hostal que se construyó en el siglo XIX. En este pequeño espacio, de 36 habitaciones, el espíritu constitucional se descubre en cada esquina. A la entrada, el conocido cuadro de la proclamación de las Cortes en el Oratorio de San Felipe Neri y, en recepción, un óleo de la cúpula de esta conocida iglesia.

Cerca, a pocos pasos, uno de los locales con más solera de la calle: en 1935 se fundó la peña de Cazadores de Cádiz. La sede está adornada con los trofeos de sus asociados, «muy pocos, porque la caza es una afición muy cara; es para los grandes terratenientes», comentaba Sebastián Flores, asociado y encargado del bar. Él lleva 14 años viviendo en la finca y durante ese tiempo «la calle ha cambiado muy poco. Sólo ha pasado de ser transitada por vehículos a ser peatonal. Además de los comercios, que han ido abriendo y cerrando. Demasiados diría yo», comenta este aficionado a la cacería.

Tanto Sebastián Flores como Luis Rodríguez, de la junta directiva, destacan que aunque son pocos los asociados, «muchos son simpatizantes, y fieles. Sin embargo, en Cádiz no hay sitio para cazar y nos tenemos que ir a Medina o Benalup», apuntaron.

Vienen y se van

Otro de los comercios más antiguos de la calle es la farmacia de la familia Mozo. Hace más de setenta años que este farmacéutico abrió el negocio, que aún conservan sus hijos. Es tanto el aprecio que tienen al espacio que todavía mantienen los muebles con los que su fundador los inauguró.

Otro de los establecimientos que ha sabido aguantar las malas rachas y el paso del tiempo ha sido Moral. La familia abrió hace más de cinco décadas este espacio para vestir al hombre gaditano.

Otros, sin embargo, no han tenido demasiada suerte. Una tienda de trajes de novia, una papelería (Repeto), una tienda de telas (Persépolis), o una librería (La Marina). Estos han sido comercios señeros de una calle que, según la zona, tiene su propia idiosincrasia. Hasta la calle Columela, el comercio es más tradicional, «más de andar por casa», comentaban los vecinos. Desde la calle Columela hasta la plaza de San Agustín las tiendas de moda (bien textiles, de complementos o calzados) son las dueñas. Sólo la tienda de fotografías Segundo y Rosita rompe esa armonía. A pesar de los años, los gaditanos continúan parándose delante del escaparate para ver las fotografías que tienen expuestas. Las novias son, sin duda, el mejor reclamo, aunque los bebés disfrazados o los niños de Comunión también atraen al público.

Y desde San Agustín, quienes mandan son las sucursales bancarias y las notarías. Las principales entidades están en esta zona, aunque con la entrada por Canalejas. Y es que en San Francisco, esta carrera no oficial para la mayoría de las cofradías de la ciudad, la actividad invita a pasear por ella, a conocerla y a enamorarse. Y al fondo, siempre, el convento de los franciscanos, donde la Esperanza del Amor hace un poco más felices a los gaditanos.

Publicado por Mayte Huguet (La Voz de Cádiz)




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