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19/2/2006

El faro de la Constitución

Inicio > — josegalindo @ 9:13 am :: 1069

Cuentan los libros de historia que la congregación de San Felipe Neri no lo tuvo nada fácil el asentarse en Cádiz, ya que fue la última comunidad que se fundó en la capital. Todo eran pegas desde la autoridad local y de alguna que otra orden religiosa que no veía con buenos ojos el asentamiento de ahí que les dijesen que había muchos conventos por aquella época. Sin embargo, la fe mueve montañas y los presbíteros filipenses Diego Liñán y Pedro Acebedo obtuvieron por junio de 1671 la licencia del obispo Fray Alonso Vázquez de Toledo para fundar un oratorio en la ermita de Santa Elena, junto a las murallas de Puerta de Tierra.

El edificio no respondía a las expectativas y en 1674 tuvieron que coger de nuevo los bártulos para trasladarse a la capilla del Hospital de Mujeres antiguo; pero las reticencias y presiones del alcalde les obligó a retomar, como el hijo pródigo, la vuelta a Santa Elena.

Años posteriores, allá por 1679, Diego Vaz Carrillo, filipense portugués, que volvía por mar desde Roma a su patria, fue quien fundó la orden de manera definitiva en la calle San José, ya que el obispo Juan de Isla les dio unas casas, en las que abrió un oratorio y una residencia. Las aguas poco tiempo estuvieron tranquilas. Volvió la tempestad o mejor dicho las tribulaciones, pero en esta ocasión la divina providencia o una cédula del Rey resolvió definitivamente los conflictos para asentarse en paz en la calle San José.

Así que todo estaba listo para empezar las obras. Corría el año 1688 cuando el Oratorio de San Felipe Neri fue comenzado según trazas del alarife Blas Díaz, para ser inaugurado en 1719. Años posteriores, en 1764, el maestro Afanador reconstruyó y amplió la bóveda, dañada por el terremoto del 55. Una estructura encamonada, de doble casquete, decorada con fajas que prologan el ritmo de las pilastras inferiores y entre las que se abren vanos para restar gravidez a la estructura.

Aunque el historiador Lorenzo Alonso de la Sierra duda de la autoría de Blas Díaz y piensa que «las trazas sean de otro maestro, tal vez de un religioso». Sin embargo, no tiene ninguna duda de la maestría de Afanador, quien es «más creíble que fuera el responsable del desmontaje de la bóveda».

Vuelta a la diócesis

No será hasta el 17 de noviembre de 1719 cuando el actual oratorio se inaugure, en un ambiente de paz, fiesta y regocijo entre los filipenses, quienes ejercieron sus ministerios hasta la desamortización y exclaustración de Mendizábal en 1836. Volvieron, como las oscuras golondrinas, en 1859 con el prepósito de Sebastián Herrero, pero su presencia acabó con la muerte del filipense Luis de los Ríos. Entonces, el obispo nombraba un capellán hasta que el 1 de septiembre de 1933 se hizo cargo del culto la congregación de maristas del vecino colegio, para volver hace poco a la diócesis.

El Oratorio de San Felipe es un faro de luz en una planta elíptica a la que se abren siete capillas, que se articulan con pilastras pareadas que recorren los cuerpos superpuestos en distintos órdenes y con hornacinas entre ellas. Las capillas, a su vez, son de planta rectangular con cubierta de bóvedas de cañón o de aristas. «La planta elíptica se define en el Manierismo en Italia para atraer mejor la atención de los fieles y por eso la utilizan aquí los filipenses, pero no era algo habitual en la orden. La planta elíptica no se usa demasiado en España», apunta el doctor en Historia del Arte Lorenzo Alonso de la Sierra.

El exterior del templo se articula mediante pilastras jónicas de orden gigante, entre las cuales se disponen numerosas lápidas dedicadas a los diputados doceañistas por sus diferentes demarcaciones, colocadas su mayoría en 1912 con motivo del primer centenario de las Cortes de Cádiz. Bajo la iglesia hay una cripta donde se encuentran dos mausoleos con los restos mortales de varios diputados de 1812 y de las víctimas de la represión del levantamiento liberal de 1820.

Significado histórico

Además de su interés artístico cuenta con un especial significado histórico por haber sido sede de las Cortes que elaboraron la primera Constitución Española. El espacio unitario generado por su disposición resultó ideal para servir como sede de las sesiones de Cortes, tras acordar los filipenses su cesión temporal en febrero de 1811.

Historia. La derrota española en Ocaña el 19 de noviembre de 1809 abre el paso a los franceses en Andalucía. El general Soult, jefe del Estado Mayor de José I, establece su cuartel en Bailén dividiendo su ejército en tres cuerpos, en el que el general Víctor con 20.000 hombres al frente tenía la orden de apoderarse de Cádiz. En la bahía gaditana la situación era inquietante al ser lugar de recepción de los oponentes al régimen francés. El 27 de enero de 1810 había llegado a la Isla de León procedente de Sevilla, la Junta Suprema. Días después el 29 se disuelve esta figura poniendo el poder en manos de un Consejo de Regencia.

El 5 de febrero llega a la Bahía el general Víctor quien fija su centro de operaciones en el Puerto de Santa María y ocupa toda la comarca a excepción de Cádiz e Isla de León. Víctor solicita la rendición y el reconocimiento de la soberanía de José Bonaparte, a lo que la Junta Local contesta: «la ciudad de Cádiz fiel a los principios que ha jurado no reconoce otro rey que al Sr. Don Fernando VII. Cádiz, 6 de febrero de 1810 Francisco Javier de Venegas».

Con esta acción comienza el sitio de Cádiz, el cual se presumía iba a ser breve, aunque los acontecimientos demostraron lo contrario. Así, la Isla y Cádiz, fueron escenario de las Cortes Generales y extraordinarias (1810-1813), que emprendieron las reformas que necesitaba España con una Constitución basada en la libertad amplia de los españoles, más los americanos.

El sitiado Consejo de Regencia español convocó, entonces, una asamblea única, no por estamentos, sino por diputados electos por cada 50.000 habitantes. Las elecciones se efectúan el 24 de agosto de 1810 para acto seguido convocar las Cortes Extraordinarias, abiertas el 24 de septiembre de 1810, donde el Consejo de Regencia entrega el poder a las Cortes para que formen un gobierno representativo, hasta el 20 de febrero de 1811 en el teatro de la Isla de León.

Emplazamiento seguro

El 23 de diciembre se nombra la Comisión encargada de preparar el proyecto de Constitución, pero la proximidad del frente recomendará el traslado a un emplazamiento más seguro para los trabajos. Se elige el Oratorio de San Felipe Neri por la dificultad para localizarlo dentro del caserío en caso de bombardeo. Allí se instalan Las Cortes el 19 de febrero de 1811 donde se reanudan las sesiones el día 24.

«La concepción arquitectónica era idónea para el fin que se pretendía». El espacio unitario era ideal, pero había que adaptar el templo a este nuevo fin con una decoración efímera elaborada por el ingeniero Antonio Prat. El altar mayor se cubrió con un velo y bajo un dosel se colocó un retrato de Fernando VII. La mesa del Presidente estaba colocada en el presbiterio y junto a ésta la de los secretarios con un anfiteatro para los diputados en tres órdenes de asientos. Dentro del anfiteatro había dos tribunas para que los diputados diesen sus discursos, quienes accedían por la puerta de lo que hoy es la sacristía. El público asistía a las sesiones desde la primera galería de las tres rotondas. La tribuna de los periodistas y taquígrafos se encontraba sobre un tablado en la capilla del Sagrario.

La gran actividad política se pone de manifiesto el 18 de agosto de 1811cuando se presenta el proyecto de la Constitución. Debate tras debate se llega a una Constitución de 384 artículos y diez títulos, terminada a finales de febrero de 1812. La firma por parte de los diputados se hace el 18 y un día después, el día de San José, se promulga, motivo por el que el pueblo la bautiza como ‘La Pepa’. Aquel día el tiempo no acompañó con un fuerte temporal en el que se organizó una procesión cívica que se dirigió a la iglesia del Carmen donde se ofició una acción de gracias, difundiéndose después el texto por la ciudad con proclama de soberanía nacional, libertad de imprenta, igualdad y organización de la Regencia .

Como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que se daba en Cádiz, las Cortes terminaron su tarea el 14 de septiembre de 1813 para 11 días después ir a la Isla donde reiniciaron las actividades a partir del 1 de octubre. Al final debieron marchar por culpa de la epidemia a Madrid donde reanudaron su labor el 15 de enero de 1814, terminándose la primera legislatura el 19 de febrero de aquel año.

Publicado por Berto Núñez (La Voz de Cádiz)




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