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24/1/2006

OPINIÓN

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José Galindo

Crónica de un embargo
("Cádiz se rompe")

El día en que recibió la notificación para que se presentara en el Edificio Amaya a ponerse al corriente en sus débitos con el Ayuntamiento, se acordó de todos los ascendientes y descendientes del equipo de Gobierno (incluido el abuelo falangista de Pepe Blas). ¿Cómo era posible que le debiera 1.215 euros al Ayuntamiento y no supiera por qué?

Pidió permiso en el “curro” (¡estaba trabajando, aleluya, con un contrato por obra y servicio!). Pensó que no tardaría más de media hora, tiempo que consumió esperando el autobús. Cuando llegó a San Juan de Dios creyó que alguna peña estaba repartiendo algo, tal era la cola que serpenteaba por los alrededores del edificio donde la hacienda municipal fagocitaba a los incautos gaditanos que se creyeron a pies juntillas la amenaza del PP: “España se rompe", y de esa manera se librarían de pagar. A ver qué trozo de España le iba a reclamar a ellos la multa de tráfico del año 93.

El embargado preguntó en la larga cola si era ésa la que él buscaba, y comprobó, para su deleite, que todos los que estaban delante eran tan presuntos deudores como él. Todos decían ser víctimas de un “vampiro” con gafas que se pasea por los pasillos del Ayuntamiento. Tras esperar cerca de dos horas, llegó a la ventanilla, donde un amable funcionario le sonrió maliciosamente, como diciendo: “otro pringao".

Preguntó cuál era la razón por la que había sido notificado como deudor del Ayuntamiento, a lo que le espetó el funcionario:

– Usted debe una multa de tráfico desde el año 91.

– Como no sea de traficá con cangrejos moros… Yo no he tenío coche en mi vía, no tengo ni el carné…

– Pues esto es de una multa de tráfico. ¿Tampoco tiene usted moto?

– Ni moto ni patinete, oiga. Yo no pago eso.

– Ponga una hoja de reclamación, pero antes debe pagar.

– Y eso, ¿por qué?

– Es la ley.

El embargado se volvió a acordar de los antepasados del equipo de Gobierno y salió despotricando del Edificio Amaya, tras casi dos horas de espera. “España no se romperá, pero juro por mis muertos que como no me devuelvan mi dinero, Cádiz se rompe", amenazó soterradamente el ciudadano amenazado de embargo.




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