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2/1/2006

Lala descansa en paz

Inicio > — josegalindo @ 2:44 pm :: 945

Un grupo de vecinos del barrio de la Viña ha realizado una colecta para costear el traslado al cementerio mancomunado de Chiclana de los restos de una de sus más recordadas vecinas, Teresa Amiama Armario, Lala, que carecía de familia.

La iniciativa partió de Rafaela Galindo Ruiz, preocupada por el destino de sus restos al desaparecer el cementerio de Cádiz, ya que Lala, fallecida hace unos veinte años, no tenía familia, dado que había enviudado muy joven y sin descendencia.

Rafaela era consciente de que Lala, que murió a los 59 años, debido quizás a que se preocupó más en atender a los demás que de ella misma, recordó las numerosas personas que acudieron a su entierro, las coronas de flores, las lágrimas, y también que ella no quería que incinerasen sus restos, y se puso manos a la obra.

Le comentó la situación a su sobrina Ani, residente en Madrid, y entre ambas idearon como reunir el dinero necesario, contando para ello con las personas que la conocieron cuando eran niños y encontraron en ella un cariño desinteresado, techo ante la falta de espacio en el partidito, compañía en situaciones tristes, auxilio en momentos difíciles e incluso ayuda económica cuando la carencias se convertían en extremas, desde su casa siempre abierta en la calle José Cubiles, en plano corazón del barrio viñero.

Rafaela sabía que Lala desde que enviudó se consagró a los demás con total dedicación, su Dios estaba en los más pobres, para los que siempre tenía algo y lo que ganaba trabajando en casa de los económicamente más pudientes lo repartía entre los más necesitados, incluso ropa para los niños recién nacidos.

Y así surgieron aportaciones de María del Carmen, Ángel, Charito, Manolito, Marujita, su cuñada Carmela, Cuchi, Luisa, Salud, Carmela, Juan, hasta el almacén de Los Negros, donde compraba fiado a los que lo necesitaban y luego pagaba poco a poco, entre otros nombres anónimos, incluso de algunos que no llegaron a conocerla. Hasta fueron a hablar en el Ayuntamiento, pero no pudieron ayudarle.

Finalmente reunieron la cantidad necesaria y lograron que sus restos y los de su familia fueran trasladados desde el clausurado cementerio de San José al mancomunado de Chiclana.

La historia merece ser contada, aunque Rafaela Galindo ha hecho hasta lo imposible por no asumir protagonismo alguno en lo que cree que ha sido hacer lo que debía y el testimonio de todos los que todavía la recuerdan y quieren en el barrio de la Viña, aquellos niños que en años difíciles recibieron de ella apoyo, aliento y consejo.

Han sido “sus niños” lo que le han devuelto ahora a Lala el cariño que siempre les ofreció desde su humilde casa viñera, entre los Callejones de Cardoso y el Corralón de los Carros, para que descanse en paz, para siempre, con sus seres queridos, como resalta Rafaela.

Publicado por Diario de Cádiz




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