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17/12/2005

Cánovas del Castillo: El recuerdo vivo de la sede del Cádiz Club de Fútbol

Inicio > — josegalindo @ 12:55 pm :: 899

Cuando a algún gaditano se le pregunta dónde está la calle Cánovas del Castillo, inmediatamente les viene una imagen a su mente: la sede social del Cádiz Club de Fútbol. Hasta hace pocos años, éste edificio ubicado en el número 21 pertenecía a la entidad cadista, pero las deudas y la falta de capital obligaron al club a venderlo. Ahora este edificio, de estilo isabelino, está cerrado a la espera de que llegue algún comprador que desee rehabilitarlo. Pero a pesar de que sus persianas estén bajadas y la puerta esté cerrada, los vecinos y comerciantes de la zona aún recuerdan la actividad que generaba la sede social del equipo amarillo.

En el mes de agosto, la venta de las entradas para asistir al Trofeo Carranza. En septiembre, largas colas para adquirir un abono de la temporada. Y el resto del año, el ir y venir de coches y personas a esta finca para gestionar un fichaje o para evitar la desaparición del equipo. Muchos recuerdan a Irigoyen, «que entraba alterado en la sede y más enervado salía. Era todo un espectáculo».

En la esquina de Cánovas del Castillo con la calle Valverde, el bar Sainz vendía las entradas para los partidos de fútbol, y también para los toros en El Puerto de Santa María. Alberto Mergenthaler, relojero, lleva en la calle 47 años «arreglando relojes y máquinas de precisión. De hecho, soy el único cronometrista de la ciudad», comenta este artista al son del tic-tac que encierra su pequeño establecimiento. Su comercio está en la calle Cánovas del Castillo «aunque no lo parece, porque esta zona ni la adornan con motivos navideños». Este tataranieto del inventor de la linotipia, e hijo del creador de la custodia de San Fernando, ha resistido al paso del tiempo, «algo que no han soportado el estanco, las planchadoras o el bar Madrid. En la esquina de lo que era la Tesorería de la Seguridad Social había antes una tienda de muebles. Creo que lo más antiguo era la farmacia».

En concreto, de principio del siglo XX. Así lo confirmó su actual propietaria, Catalina Matos. Hace ya doce años que regenta esta botica en la esquina con la calle Valverde, pero su origen es muy diferente. Los primeros propietarios fueron la familia Höhr, también dueña de la finca en la que está situada el local. Catalina Matos explicó que «arriba de la farmacia se encontraba entonces la sede del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Cádiz». Posteriormente pasó a ser la sede de los laboratorios Pérez-Giménez, «el que hizo famoso el bicarbonato», para después pasar a manos de un farmacéutico militar. Él fue el que le dio el nombre de farmacia El Pilar y que Catalina Matos ha sabido conservar. Como también ha conservado la rebotica «de estilo isabelino y las estanterías de caoba de lastre que venía de los barcos, al menos así me lo contaba mi auxiliar hace años», señalaba la farmacéutica.

Lo nuevo con lo viejo

Tanto Catalina como Noelia e Eugenio, sus empleados, aseguran que la calle es a la vez tranquila y transitada. El trato con los clientes «es casi familiar. Aquí hemos dado pruebas de embarazo, hemos visto nacer a los niños, les hemos dado de comer, hacer la comunión y hasta casarse. Los farmacéuticos somos, a veces, psicólogos, confidentes, amigos y hasta parte de su familia».

La farmacia mantiene la historia de esta calle. Otros edificios, como la sede de la Delegación Provincial de Cultura, la guardan en sus paredes. De otros ya no queda ni placa, como del comercio Muñoz Grabador. En la época de los setenta y ochenta, esta tienda fue el referente de todos los gaditanos para encargar un trofeo o una placa. Pero, después del fallecimiento del propietario, su esposa mantuvo el negocio unos años hasta que cerró sus puertas y dio paso a la sede Ademi, dedicado al cuidado de personas mayores.

En Cánovas del Castillo han cerrado varios negocios y abierto otros muchos, como Armario Diseño o el pub Woodstook. Pero otros, como Vistahogar, llevan 35 años «sirviendo a los gaditanos», comenta uno de sus propietario, Juan Manuel Ramos. Él, junto a su hermana, María Luisa Ramos, han vestido los hogares de muchos ciudadanos, «aunque este negocio se está perdiendo porque muchos hacen su vida fuera de casa». Además, Vistahogar es la única tienda que distribuye los productos del Cádiz Club de Fútbol. Los artículos amarillos y azul lo pueden encontrar sólo en Cánovas del Castillo, en Columela y en la Avenida. Sin duda, el mejor homenaje en recuerdo de la sede del equipo de la ciudad.

Publicado por Mayte Huguet (La Voz de Cádiz)




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