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27/11/2005

José Álvarez Portillo: “Cádiz está a punto de perder su identidad comercial “

Inicio > — josegalindo @ 1:08 am :: 857

Lleva trabajando toda la vida, desde pequeño, como los comerciantes más tradicionales de la ciudad. Primero ayudando a su padre, que fundó la empresa hace cerca de setenta años, y después gestionando directamente el negocio familiar. Pertenece a la rara especie de gaditanos enamorados de su ciudad más allá del mero espectáculo carnavalesco o cofradiero, lo que en su día le llevó a liderar los primeros movimientos asociativos del sector del comercio en la capital e, incluso, meterse en política. Ahora se ha retirado a su negocio, aunque mantiene vivo su interés por la vida de la ciudad.

—¿Cómo está de salud el comercio tradicional?

—El empresario local es junto al hostelero el único sector que da ya vida a la economía de la ciudad. Sin embargo, a pesar de ello, no se le cuida ni desde dentro ni desde fuera. Las zagas empresariales casi han desaparecido, ya sólo quedamos tres o cuatro. Para mí es muy preocupante que se apueste, por ejemplo, por programas como el del Carnaval en la Escuela y sin embargo no se potencia la cultura empresarial desde joven. Además, la pérdida del comercio tradicional va acompañado por una apuesta por el sucursalismo, con empresarios que ahora ganan más alquilando sus locales a las grandes cadenas o a franquicias en lugar de mantener abiertos sus negocios. Todo ello acaba con la identidad comercial. Se aboca por las ciudades uniformes. Hoy todas las calles comerciales son iguales en todo el país, con las mismas cadenas, con los mismos diseños.

—¿Gana la ciudad con la llegada de las franquicias?

—Es cierto que las grandes cadenas, las franquicias, han ayudado al fortalecimiento de la ciudad, ya que el comercio tradicional estaba descapitalizado tras décadas de grandes esfuerzos, lo que en todo caso ayudó en su momento para aguantar la competencia de las grandes superficies, algo que no ha pasado en otras poblaciones de la Bahía. Pero no hay que olvidar que este sucursalismo provoca que los beneficios que se obtienen no se quedan en Cádiz sino que se van directamente a los bancos en Madrid o Galicia, evitando con ello el fortalecimiento de una nueva clase empresarial.

—¿Pueden ser las franquicias la guillotina del comercio tradicional?

—Yo tengo muy claro que el sector textil y del calzado, que ocupa buena parte del comercio de la ciudad, va a experimentar un cambio radical en un plazo no superior a los cinco años. Entonces, todo estará dominado por las marcas únicas, propiciadas por las grandes cadenas, mientras que el comercio tradicional que logre aguantar sólo podrá mantener cuota de mercado ofreciendo precios bajos, lo que puede acabar con su cierre.

—¿Cree que Cádiz está preparada para defender su capitalidad comercial?

—Esta ciudad no puede perder más oportunidades y seguir mirando atrás. La confección del nuevo PGOU es un momento adecuado para sentarse y planificar Cádiz bajo una visión socioeconómica y menos urbanística. Debemos, de una vez por todas, definir la ciudad que queremos y que necesitamos. Hoy por hoy la planificación de la ciudad, en lo que se refiere al comercio, está en manos del mercado.

Por otra parte, es peligroso asentar la oferta sólo en el comercio textil, lo que entra en contradicción con el tantas veces defendido centro comercial abierto, que no acaba de despegar.

—Y la Administración, ¿cómo se porta?

—Carecemos de un entorno en condiciones y sufrimos obras constantes, que las padecemos como si fuese un peaje. Gracias a Dios que Carlos Díaz construyó en su día los aparcamientos subterráneos en el casco antiguo, porque en estos últimos diez años (de gestión popular) no se ha construido ninguno.

Por si fuera poco, ahora se plantea un plan de tráfico con una apuesta a la peatonalización sin una oferta previa de estacionamientos y de zonas destinada a la carga y descarga que facilite el desarrollo de nuestros negocios. Al final, acabarán matando a las pocas empresas que nos mantenemos en Cádiz y no nos hemos marchado a Chiclana.

—La fortaleza histórica del comercio en Cádiz no ha ido nunca acompañada de un movimiento asociativo igualmente fuerte.

—Es cierto. Yo fui uno de los promotores de ACOTEX, nacida a mediados de los setenta y que agrupaba al comercio del sector textil de toda la provincia, elaborando el primer convenio nacional. En 1984 creamos la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo, especialmente para prepararnos ante el impulso de las grandes superficies. Posteriormente logramos unificar en una única entidad a toda la representación del comercio. El problema es que en Cádiz se choca con el personalismo, diferencias entre los propios comerciantes, lo que genera una gran división. Así, mientras que la hostelería cuenta con un interlocutor único que es Antonio de María, presidente de Horeca, aquí cada uno va por separado. Por si fuera poco, no encontramos apoyo en muchas reivindicaciones por parte de la Cámara de Comercio.

—¿Y el futuro?

—El sector comercial se ha roto. Es la ley de la selva. Desde el momento en el que las infraestructuras han mejorado sustancialmente, ya no es complicado ir a San Fernando, El Puerto o Chiclana a realizar las compras. Creo que el comercio tradicional es una especie a extinguir aunque la pujanza que ha tenido en esta ciudad sin duda la salvó de la entrada de una gran superficie en su propio acceso (el proyecto de Proinsur en la parcela de la Cervecera), mientras que se aceptó la llegada de El Corte Inglés para evitar que esta marca de referencia acabase instalada en otra localidad de la Bahía, afectando a nuestra economía.

Publicado por J. A. Hidalgo (Diario de Cádiz)




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