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4/9/2005

OPINIÓN

Inicio > — josegalindo @ 8:17 am :: 667
El niño y sus paisajes

Ver cómo acaricias el pelo de ese niño, niño tan niño como tú, viviendo su infancia con premura, asomándose al mundo, descubriendo que una ola se ha llevado de pronto en su vaivén el trabajo de toda una tarde, proyecto de castillo encantado donde vienen a resumirse todas las fantasías y ensoñaciones del niño, tus propias fantasías.

Pasear por la arena de la mano del niño, dejarte llevar de sus sucesivos arrebatos, desnudarte de teoremas y palabras huecas para hacerte un resquicio junto a él. No hacen falta palabras para comunicarse con el niño, basta con los gestos y una mirada furtiva. El niño lo asimila, te confía sus mayores secretos y ya puedes tener participación en el botín de sus caricias.

El niño se hace hombre y el hombre se hace niño, hay un intercambio mutuo, un trueque de papeles y el niño/hombre te mira muy serio y te recrimina por no haber hecho los deberes a tiempo. Tú le haces una mueca y el niño se te abraza y te atenaza con sus pequeños garfios de pirata domesticado. No has podido evitarlo. Ha construido el niño un puente sin retorno por donde tú has transitado. Ha trenzado tu pelo y se ha puesto tus ropas. Luego ha corrido hasta la orilla y te ha obligado a zambullirte en el agua.

– A que no me coges… –dice el niño entre risas.

Tú lo miras y sólo ves un bulto negro coronado por una cabeza rubia.

– A que no me coges… –repite el niño.

No hace falta que corras para intuir que nunca cogerás a ese niño. Él está empezando a hacer el recorrido de la vida, mientras tú ya vienes de vuelta. A él le quedan por aprender tantas cosas… tú has aprendido lo poco que te hacía falta para saber que no sabes nada, y aún así, estás dispuesto a enseñarle.

Ver cómo acaricas el pelo de ese niño rubicundo y comestible, cómo lo despides sin apenas palabras, cómo el niño se vuelve y te mira a los ojos, cómo ves en los suyos que la mar se ha fugado. No hay palabras y el niño se te va de las manos, se pierde entre sombrillas, tumbonas y carne tostada.

– A que no me coges –decía el niño mientras jugaba.

Como mucho, has detenido ese instante garabateando este montón de palabras.

José Galindo




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