cadizcentro.net

20/8/2005

Montañés: La añoranza de una época de esplendor perdida

Inicio > — josegalindo @ 6:10 am :: 633

Dos emblemáticos edificios presiden las entradas de la calle, uno en la confluencia de Montañés con la calle Columela, y en el lado opuesto, en la confluencia con la plaza de Candelaria.

En el primero reside la sucursal del Banco Santander Central Hispano, aunque en su origen el edificio albergaba Muebles Camper, propiedad de la familia del mismo nombre. El negocio era próspero, sobre todo en los años sesenta y setenta, pero la apertura de nuevas tiendas dedicadas a este negocio y el paso de los años obligaron a la familia a vender el edificio, pasando a manos del Banco Santander. Ahora, esta entidad bancaria también ha vendido parte del edificio, los pisos superiores, teniendo sólo en propiedad la sede de la sucursal.

La belleza de la fachada de este edifico provoca que propios y turistas admiren su exterior, sobre todo en Carnaval. Las escaleras de la finca son el lugar idóneo para que las chirigotas, comparsas y callejeras canten sus coplas cada febrero, y los aficionados a esta fiesta rodeen sus escalones para escuchar a las agrupaciones.

Y durante la Semana Santa los balcones de este edificio son testigos del paso de las procesiones. Desde la balaustrada, la radio autonómica retransmite cómo los cargadores portan la imagen del Cristo y de la Virgen por la plaza del Palillero, y cómo toman la cuesta de la calle Novena hasta llegar a la calle Ancha.

Donación a Cádiz

En el otro lado de la calle, ya en la plaza de Candelaria, se levanta una de las fachadas de la Casa del Reloj o Casa Oviedo. El edificio, de estilo isabelino, era propiedad de Ramón Oviedo, que fundó un patronato de carácter benéfico, convirtiendo la finca tras su muerte en una casa de acogida y asilo de ancianos.

En las dos fachadas de la finca destaca su monumentalidad, con pilastras adosadas y ménsulas en forma de águilas, rematada por una balaustrada decorada con jarrones.

Los inquilinos de este edificio le dan a la calle una especial tranquilidad. Las monjas que cuidan a estos ancianos lo hacen en un silencio que inunda de paz la zona. Sólo durante la Semana Santa, las personas que viven en este asilo se asoman por las ventanas. Y en la fachada se amontonan las sillas de madera que el Ayuntamiento instala en el recorrido de la carrera oficial de las procesiones.

Delante de cada escaparate de las pocas tiendas que ya quedan en la calle Montañés, los vecinos también colocan sus sillas durante la Semana Santa. Pero estas no son de madera, sino las que utilizan durante el verano en la playa. «Sin duda es la época del año en que más personas pasan por esta calle. Durante el resto del año el paso de transeúntes es escaso, excepto en días puntuales», comenta Yolanda García, dependienta de la tienda Lilas.

Hace cinco años su propietaria decidió abrir este negocio «porque las condiciones que me ofrecieron eran excelentes». El local era propiedad de su madre y la renta que tenía que pagar por él no era tan alta como la que hay que pagar ahora. «Entiendo que muchos empresarios decidan cerrar sus negocios cuando las cosas no marchan bien», comentó.

Crisis comercial

En las últimas dos décadas han cerrado más de cinco establecimientos. La crisis que vive el comercio en Cádiz, las altas rentas que deben pagar para mantener sus locales y la llegada de las grandes franquicias a los alrededores han provocado que tiendas emblemáticas hayan cerrado sus puertas. Mariola y Zapatería Rafi, entre otras, son ahora garajes privados.

Otros de los establecimientos emblemáticos de la calle Montañés fueron Bazar Romero y Cortés, además de la Pensión Barcelona, hoy convertido en un bloque de viviendas.

Y más de 125 años lleva Dubois Estudio atendiendo a sus clientes. Eduardo fundó este pequeño taller fotográfico. Después, y durante 66 años, José regentó el estudio de fotografía y revelado. Ahora Eduardo, nieto e hijo de los dos anteriores, mantiene el negocio con mucha dificultad. Él nació hace 59 años «en esa misma casa» y desde hace 49 trabaja en el negocio familiar.

Cuando echa la vista atrás y recuerda cómo era la calle Montañés le invade la melancolía y la tristeza. «Este era uno de los principales ejes comerciales de la ciudad, pero se ha ido muriendo. Los alquileres son demasiado altos y las grandes franquicias se han ido instalando en otras zonas de la ciudad a cualquier precio», comentaba Eduardo.

Este maestro de la fotografía reconoce que la calle «es un poco difícil, porque el convento y la Casa Oviedo ocupan casi toda la calle», aunque «los viejos comerciantes agradecemos la llegada de jóvenes empresarios, como las chicas que han reabierto la cafetería Mónaco, hoy el Desván de Mónaco, la lencería y la tienda de los complementos de Ana María».

Viejos y renovados

La cafetería Mónaco fue, durante la década de los ochenta, uno de los principales puntos de encuentro de la sociedad gaditana. El éxito de este lugar residía en su ambiente. Los personajes más conocidos de la ciudad se mezclaban con ilustres nombres de forasteros que llegaban hasta la capital gaditana. Sin embargo, la cafetería fue perdiendo impulso y cerró sus puertas. Pero decidieron recuperar el lugar, y aunque cambiaron algunas cosas, sus nuevas dueñas no quisieron perder su verdadero encanto. Ahora, y gracias a la gran oferta de desayunos, bebidas y meriendas, y con una noche dedicada a los universitarios, el Desván de Mónaco es de nuevo en el punto de encuentro de muchos gaditanos.

Pero a pesar de este repunte, todos desean que Montañés vuelva a recuperar la actividad que tenía hace unas décadas, cuando la vía era una de las principales y mejores zonas de la ciudad.

Publicado por Mayte Huguet (La Voz de Cádiz)




RSS 2.0         Identificarse