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11/7/2005

OPINIÓN

Inicio > — josegalindo @ 8:57 pm :: 522

El asustaviejas que vino del frío

Este relato es pura ficción. Los personajes son inventados y cualquier parecido con la realidad es una casualidad como una casa (pongamos vivienda rehabilitada).

Llegó un día de invierno, de esos que invitan a guarecerse en el dulce hogar al abrigo del brasero. Paseó por las calles de la ciudad y comprobó, para su asombro, que muchas fincas de la zona antigua estaban casi en ruinas. “Esto es un negocio", pensó para sí el asustaviejas. “Un gran negocio", argumentó para sus adentros. Desde entonces, en su tarjeta de visita ponía: “Fulano de Tal (Promotor Inmobiliario)” y su “negocio” iba cada día mejor, mientras las pobres almas a las que alojaba y realojaba huían como si fuera el diablo nada más oír su nombre.

Comenzó rehabilitando las fincas que él mismo visitaba, aquellas que estaban casi en ruinas o a punto de ser expropiadas. Negociaba con los inquilinos. Les pagaba una suma ridícula y los realojaba en otras viviendas que iba rehabilitando por otros sitios de la ciudad.

Cuando algún inquilino se ponía duro, lo amenazaba directamente: “Te estoy haciendo un favor, porque tú no tienes derecho a nada. Hazlo por tus hijos, que tendrán una vivienda nueva. A fin de cuentas, a ti te quedan dos días". Si el inquilino cedía, continuaba con su planificada estrategia. Si no, llenaba de puntales la vivienda, asustando al inquilino y a sus familiares, y amenazando que si no se iban podían morir aplastados.

Mientras el “negocio” iba creciendo, se granjeó la amistad de quienes podían ayudarle a ser aún más poderoso: abogados, concejales, periodistas…

A su despacho llegaban, antes que a ningún sitio, los requerimientos de obras, las expropiaciones, todos aquellos asuntos que afectaban a las viviendas y mantenimiento urbano de la ciudad. Se enteraba antes que nadie de las subastas de las viviendas enajenadas. Compraba, vendía, alquilaba e iba haciéndose el amo y señor del patrimonio urbano de la ciudad.

Hasta que lo “pescaron” un día en que se quiso pasar de listo. Concedió poderes notariales a diestro y siniestro, para “pringar” a tirios y troyanos, calculando que él saldría indemne de la refriega. Pero fue descubierta su patraña, las personas de bien le dieron de lado y los vecinos de la ciudad hicieron campañas para “acabar” con él.

Una mañana de invierno sus agraviados y los familiares de éstos se concentraron a la puerta de su negocio y le pusieron un rótulo a la puerta donde rezaba: “Aquí hacía sus “negocios” un asustaviejas". Después lo llevaron a la estación de trenes, le pusieron un billete en el bolsillo y lo remitieron a aquella ciudad del frío de la que nunca debió salir. Nunca más se supo de él.

José Galindo




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