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10/7/2005

Los comedores de María Arteaga y Santiago alteran la vida de los vecinos

Inicio > — josegalindo @ 7:41 am :: 520

Los años que ambos comedores benéficos llevan abiertos al público para atender a los más necesitados han transformado la vida de los vecinos de María Arteaga y Santiago.

La presencia de las múltiples personas que se acercan hasta allí para almorzar y cenar respectivamente, no es el del agrado de todos, a pesar de existir un consenso a la hora de calificar como necesaria la importante labor que desarrollan los dos centros.

Más vigilancia

En lo que se refiere a la vecindad de María Arteaga, la mayoría solicita mayor vigilancia en la zona, sobre todo durante la época del curso escolar.

Chari Muñoz, una empleada de un comercio de La Rosa afirma que «hay que admirar la caridad de las monjas pero no deberían permitir que ocuparan la calle desde las ocho de la mañana», explica. Antonia Sánchez González coincide con esta idea. Reside en el barrio y no entiende cómo se consiente que «las personas que llegan al comedor se hagan sus necesidades en la vía pública delante de los pequeños que salen del colegio de la Sagrada Familia en la calle Circo», dada la coincidencia horaria entre el término de las clases y el comienzo del almuerzo.

Por su parte, Antonio González vecino del barrio de La Viña destaca que «los pobres merecen ser atendidos», pero que «un poco de vigilancia no estaría mal para que las monjas pudieran estar más tranquilas», añade.

Buscar otra ubicación

Una de las alternativas en la que coinciden tanto los vecinos de María Arteaga como los de la calle Santiago se basa en la búsqueda de un local apartado del núcleo urbano donde poder continuar esta labor social sin que pueda levantar más críticas entre los ciudadanos.

Esto es una propuesta que ya realizó meses atrás la entidad vecinal de Cádiz Centro, a la que llegan frecuentemente las quejas por el comedor de Valvanuz.

Los vecinos de la calle Santiago reclaman más seguridad en la zona, especialmente a partir de las siete de la tarde, que es cuando empiezan a llegar más de medio centenar de personas hasta el comedor. «La policía sólo se pasa cuando les llamas pero nunca hacen nada», declara Pedro Castaño, un vecino de Santiago, 15. Salvador Martín, usuario del gimnasio Hércules es testigo de las molestias que ocasionan a veces a los comerciantes y viandantes. En este sentido, afirma que a veces han entrado hasta dentro cuando están entrenando y que algunos comerciantes les han pedido que estén pendientes por si entran en sus negocios.

En defensa de los que acuden al comedor, la presidenta de la fundación de Valvanuz, María Dolores Moreno sostiene que «este colectivo no está formado por gente agresiva sino por personas que debido a su pobreza presentan un mal aspecto». Algo en lo que difieren los vecinos de ambas calles manifestando incluso llegar a tener miedo a transitar por ellas.

Publicado por Trinidad Caballero (La Voz de Cádiz)




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