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3/7/2005

URBANISMO

Inicio > — josegalindo @ 9:38 am :: 498

El delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de Cádiz, José Loaiza, se ha enterado por la prensa de que la finca número 9 de San Miguel no estaba en condiciones para ser habitada por sus inquilinos. Es más, se ha enterado por la prensa de que si los vecinos volvían a sus viviendas ponían en riesgo sus propias vidas. Así que Loaiza no se entera de lo que ocurre en su propia delegación, y sobre todo, no se entera de lo que le ocurre a los gaditanos más desfavorecidos, que suelen ser siempre quienes pagan las ineptitudes de sus políticos. Se entera por la prensa porque los vecinos que han ido a informarle nunca han sido recibidos. Se entera por la prensa porque no ha querido enterarse por los propios afectados. ¿Para qué sirve un delegado de Urbanismo que tiene que enterarse por la prensa de lo que ocurre con temas que son de su competencia?

La Asociación de Vecinos Cádiz Centro ya no pide la dimisión de José Loaiza, eso sería una injusticia, le ruega a la alcaldesa que lo deje en Urbanismo, y si puede, que le dé alguna responsabilidad más, ya que méritos no le faltan. Total, si se va a enterar por la prensa, qué más da que entienda o no entienda de lo que lleva entre manos. Ya se lo explicarán los periodistas. Que lo hagan responsable de comunicación, así estará más cerca de los medios y podrá enterarse antes de lo que ocurre en su delegación.

Cádiz Centro también le recuerda a la alcaldesa de la ciudad que si piensa llevar a los tribunales a los vecinos que han denunciado este caso, va a tener enfrente siempre a esta asociación de vecinos con su junta directiva al frente. El anuncio de querellas no nos va a amilanar ni vamos a dejar por eso de denunciar aquellas cosas que estén mal hechas, lo mismo que reconoceremos las que se hagan bien. Nuestra misión no consiste en dorarle la píldora a nadie, sino defender los derechos de los vecinos a quienes representamos. Y la participación ciudadana es un derecho que tenemos reconocido por las leyes. Si nos equivocamos, también reconoceremos nuestros errores, como no podía ser menos, ya que rectificar es de sabios. Lo que no se puede hacer es culpar a los demás de nuestros fallos, amenazar con los tribunales y actuar con soberbia, llamando mentirosos a los vecinos, precisamente a ellos, que están sufriendo las consecuencias de actuaciones de dudosa legalidad.




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