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18/6/2005

Y Urbanismo dice que es habitable

Inicio > — josegalindo @ 7:13 am :: 465

La casa de Salvador da miedo. No es porque los pasillos estén llenos de puntales, que también. Ni porque las habitaciones estén comidas de telarañas, ni porque de las paredes salgan tuberías oxidadas. Es porque las vigas del techo están podridas, y el suelo y los escalones de madera se resquebrajan a cada paso. Y porque en las paredes la humedad ha desaparecido para dejarle sitio a un moho verde y putrefacto. Esa es la casa de Salvador, el tercero izquierda del número 9 de la calle San Miguel. Esa es la casa que la Delegación de Urbanismo del Ayuntamiento dice que está habitable.

Salvador, su mujer y uno de sus hijos, además de la familia de su hermano Diego, que vivía en el tercero derecha, abandonaron el inmueble el 28 de julio de 2003, cuando se ordenó el desalojo de la finca para evitar un “riesgo declarado". El pasado 31 de mayo recibió otro aviso: por fin podían volver a casa. “Fue una alegría muy grande", cuenta Salvador. “Estaba loco de contento. ¡Qué desilusión cuando llegué y vi que ni siquiera podía abrir la puerta!". Pero lo consiguió. Con ayuda de una palanca de hierro. Así entró de nuevo en la misma casa que su mujer había alquilado en 1975, mientras él estaba navegando en Angola. Mientras su hija mayor, a la que ni siquiera conocía todavía, pasaba los tres primeros meses de su vida. La misma casa que hoy, 30 años después, se cae a pedazos. Aunque Urbanismo diga que está habitable.

Salvador la abrió ayer a la asociación de vecinos Cádiz Centro, a los medios de comunicación, a dos concejales de IU y el PSOE. Demasiada gente junta para no sentir miedo. Salvador no tenía ojos para controlar los movimientos de todos. “No os agarréis ahí, que se cae". “¡Cuidado con los escalones!". “Ahí más vale que no os apoyéis, porque eso se hunde con darle un golpe". Como si a alguien se le hubiera ocurrido apoyarse en algún sitio.

La madera de las vigas podridas se escapa por los agujeros del techo y cae al suelo. El mismo techo bajo el que debe dormir la familia de Salvador si se atiene al documento emitido por la Delegación de Urbanismo, según unos técnicos que ni siquiera llegaron a entrar en la vivienda de Salvador.

En ese escrito, los técnicos indican que en la fachada hay andamiaje porque se está resanando tanto ésta como el castillete. También aseguran que se han cambiado algunas vigas. Y la conclusión: “En el tercero izquierda no se ha podido entrar, pero los técnicos prevén que si en las zonas comunes y en el tercero derecha se ha actuado, en el tercero izquierda, también. Nada imposibilita el uso de las viviendas".

Pero eso no es lo mismo que dicen los puntales, colocados en vertical y horizontal para sujetar las paredes y el techo de los pasillos. Ni los que hay dentro de la vivienda de Salvador. Esos mismos que no vieron los técnicos, que ni llegaron a entrar pero igualmente ratificaron con su informe la decisión tomada el pasado 31 de mayo: la vuelta de un hombre, su esposa y uno de sus dos hijos. A una casa con más de 20 puntales puestos, y otros tantos tirados por los suelos.

Los técnicos no llegaron a entrar en el tercero izquierda porque las paredes están tan cedidas que la puerta ni siquiera se abre. Pero sí pudieron subir a la azotea, allí donde sólo quedan los hierros podridos de lo que una vez fue una hermosa montera. Cerca de esos hierros, se llega a ser consciente de lo fácil que sería morir de la forma más tonta. Por un simple empujón, un descuido o un golpe de viento. Porque no hay barandilla en uno de los cuatro lados de esa montera sin cristal. Un hierro largo que Salvador y Diego atan como pueden con una cuerda sirve de barandal. Lo agarran aunque ellos se nieguen a volver allí. Lo agarran porque en esa finca hay obreros trabajando. Lo agarran porque tienen miedo.

Publicado por Eva Bocanegra (Diario de Cádiz)




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