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17/6/2005

Cuatro familias de la barriada de La Paz se unen a las de Benjumeda, 17

Inicio > — josegalindo @ 10:11 pm :: 461

La noticia de la ocupación por parte de los desesperados vecinos del número 17 de la calle Benjumeda de una finca desocupada de la Junta corrió el miércoles como la pólvora. A las siete familias que adoptaron la decisión de ocupar el número 2 de la calle San Andrés debido al mal estado de sus viviendas, se unieron ya por la noche cuatro procedentes de la barriada de La Paz que vivían hacinadas en casas de parientes.

Tras una jornada intensa en la que los vecinos recibieron la visita de Obras Públicas, de la Policía Autonómica y de los ediles socialistas Rafael Román y Carolina Camacho, los vecinos se prepararon para pasar una larga noche junto con los recién llegados.

La finca no tenía ni luz ni agua, pero consiguieron suministro eléctrico gracias a la solidaridad de los vecinos de la finca contigua, que tendieron un alargador hacia la casapuerta. Ellos mismos se encargaron de limpiar esta zona, que estaba llena de panfletos publicitarios cuando llegaron, y el patio, cubierto por una gruesa capa de polvo.

Así, durante la tarde pudieron permanecer, sentados en las sillas que se habían traído, en el callejón de San Andrés, bajo una pancarta que habían colocado y que reza “Benjumeda, 17. No somos ocupas, sólo pedimos viviendas dignas". Ya más tarde, se trasladaron hacia el interior de la casapuerta, junto con los vecinos de la barriada.

Sobre las dos de la madrugada recibieron una nueva visita. Una pareja de la Policía Local se preocupó por lo que ocurría allí. José Caucelo, uno de los vecinos de Benjumeda, hizo las veces de portavoz y explicó detalladamente a los agentes qué había motivado la decisión, cuántas familias procedían de Benjumeda y cuántas de la barriada. También invitó a los policías a que subieran a las plantas superiores del edificio, alumbrados por una linterna, para que pudieran comprobar el estado de la finca y que no habían forzado ninguna puerta para acceder a las viviendas.

La entrada en los pisos vacíos se había hecho a través de unas ventanitas redondas que miran hacia los patios, y sólo en aquellos casos en los que éstas estaban abiertas, por lo que no rompieron ninguno de los elementos de la finca para entrar. También tuvieron especial cuidado con los muebles que se encontraron al entrar por el mismo procedimiento en las viviendas de la planta baja. Al ver que allí se acumulaban diferentes objetos, propios del uso social que la Junta quiere dar al inmueble, decidieron volver a cerrarlas.

Los policías, tras visitar la finca, ofrecieron unos consejos a los vecinos, los que podrían ser los mandamientos del buen ocupa. La finca estaba inmaculada cuando entraron los vecinos y hay que conservarla así, dijeron, y también les recomendaron que no armaran demasiado jaleo, para que ningún vecino de este estrecho callejón pudiera hablar mal de ellos.

Vicente, de 73 años, no pudo seguir toda la charla a pie firme. En un momento dado, tuvo que apoyarse contra la jamba de la puerta de la casa vecina a descansar la espalda que se destrozó cuando cayó de las escaleras de su partidito. Su casa es una especie de dúplex y la escalera interior, podrida, carece de barandillas; tiene que subir con la ayuda de una cuerda.

Ayer a mediodía, María del Mar, Mai, intentaba descansar en un colchón azul en el patio: no había podido pegar ojo. Pero tampoco lo consiguió: por la mañana llegaron periodistas y también los representantes de la asociación de vecinos Cádiz Centro, que les mostraron su apoyo. Ahora, colgada de la pancarta que colocaron las familias de Benjumeda hay otra más que dice “La AVV apoya a estos vecinos en sus justas reivindicaciones".

También por la mañana, algunos de los vecinos de la barriada de La Paz se dirigían a la Delegación Provincial de Obras Públicas para explicar su situación. Los que permanecieron en el callejón de San Andrés contaban que son todos familias con hijos que viven hacinados con otros parientes. Así, Vicente Sánchez habita una casa de unos 60 metros cuadrados, la de su suegra, con once personas más de las que sólo trabajan dos. Vicente asegura que han hecho todo lo posible para conseguir un piso social, sin resultados. Ya les han dicho que no pueden acceder a una Vivienda de Protección Oficial (VPO) porque sus rentas son demasiado bajas.

Todos son familia entre sí, y la mayoría decidieron irse al Callejón de San Andrés en cuanto se enteraron de que lo habían ocupado; ocho durmieron ayer en la misma habitación de la tercera planta de esta finca.

Así, su cuñada Jéssica, de 16 años, procede también de la finca, y ha llegado a la casa con su novio, de 19, y con la hija de ambos, de tan sólo diez meses. Las cuatro familias que proceden de la barriada de La Paz, la mayoría emparentados entre ellos, sufren similares problemas: no han conseguido una casa en la que vivir con sus hijos, por lo que han tenido que buscar refugio en casa de sus familiares, algunos de ellos incluso peregrinando de una a otra, como es el caso de Jéssica, que en los últimos tiempos ha vivido con su tío.

Ayer, de las 14 viviendas que tiene el número 2 de San Andrés, estaban abiertas dos en la primera planta, dos en la segunda y una en la tercera. Los vecinos están haciendo vida en las zonas comunes, por lo que arriba no hay casi nada, poco más que bolsas con ropa

Los vecinos de Benjumeda seguían convenidos de su decisión: “Pago 30.000 pesetas por una casa que se cae. De aquí no nos va a mover nadie". Por la tarde, en la casa recibieron otra visita y muestra de apoyo: la del concejal de Izquierda Unida Gervasio Hernández Palomeque.

Pulicado por Diario de Cádiz




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